La coleccionista de versos XI

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Muchas tardes, al menos una vez por semana, cogía el tranvía número 15 que la dejaba a escasos 100 metros de la torre de Belem, compraba en la pastelería “Pasteis de Belem” unos pasteles de masa de hojaldre rellenos de crema y huevo, y se dirigía al Monasterio de los Jerónimos.
En la puerta saludaba al guarda, un recto vigilante que tras 2 años de metódicas visitas había decidido hacer la vista gorda y dejarla entrar gratuitamente, y se encaminaba por el claustro hasta la tumba de Pessoa, dónde se descalzaba, ponía sus zapatillas en un rincón, apartadas de la vista de los curiosos, se sentaba a sus pies sobre la fría piedra, y durante horas leía con fruición poemas en portugués, del propio Pessoa:
“A abelha que, voando, freme sobre
A colorida flor, e pousa, quase
Sem diferença dela
À vista que não olha,
Não mudou desde Cecrops.
Só quem vive
Uma vida com ser que se conhece
Envelhece, distinto
Da espécie de que vive.
Ela é a mesma que outra que não ela.
Só nós — ó tempo, ó alma, ó vida, ó morte! —
Mortalmente compramos
Ter mais vida que a vida.”
O de Eugenio de Andrades, entre otros muchos:

Já gastámos as palavras pela rua, meu amor,
e o que nos ficou não chega
para afastar o frio de quatro paredes.
Gastámos tudo menos o silêncio.
Gastámos os olhos com o sal das lágrimas,
gastámos as mãos à força de as apertarmos,
gastámos o relógio e as pedras das esquinas
em esperas inúteis.
Meto as mãos nas algibeiras
e não encontro nada.
Antigamente tínhamos tanto para dar um ao outro!
Era como se todas as coisas fossem minhas:
quanto mais te dava mais tinha para te dar.
Às vezes tu dizias: os teus olhos são peixes verdes!
E eu acreditava!
Acreditava,
porque ao teu lado
todas as coisas eram possíveis.
Mas isso era no tempo dos segredos,
no tempo em que o teu corpo era um aquário,
no tempo em que os teus olhos
eram peixes verdes.
Hoje são apenas os teus olhos.
É pouco, mas é verdade,
uns olhos como todos os outros.
Já gastámos as palavras.
Quando agora digo: meu amor…
já não se passa absolutamente nada.
E, no entanto, antes das palavras gastas,
tenho a certeza
de que todas as coisas estremeciam
só de murmurar o teu nome
no silêncio do meu coração.
Não temos nada que dar.
Dentro de ti
Não há nada que me peça água.
O passado é inútil como um trapo.
E já te disse: as palavras estão gastas.
Adeus.
Los poetas portugueses siempre le habían parecido tristes. Pero era en esa tristeza dónde ella había encontrado su penitencia con el pasado y era, en aquella leyenda de la tumba de Pessoa donde encontraba su redención con el presente, su lucha por seguir viviendo.
Para ser grande, sê inteiro:
Nada teu exagera ou exclui.
Sê todo em cada coisa.
Põe quanto és
no mínimo que fazes.
Assim em cada lago a lua toda
brilha, porque alta vive
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  • Juan Carlos

    La Abeja (Fernando Pessoa):

    La abeja que, volando, zumba sobre
    La colorida flor, y posa, casi
    Sin diferencia de ella
    A la vista que no mira,

    No cambió desde Cecrops. Sólo quien vive
    Una vida con un ser que se conoce
    Envejece, distinto
    De la especie en que vive.

    Ella es la misma que otra que no es ella.
    Sólo nosotros — ¡oh tiempo, oh alma, oh vida, oh muerte! —
    Mortalmente compramos
    Tener más vida que la vida

    Adiós de Eugenio de Andrade:

    Ya gastamos las palabras en la calle, amor mío
    Y lo que nos quedó no alcanza
    Para alejar el frío de las cuatro paredes.
    Gastamos todo menos el silencio
    Gastamos los ojos como la sal de las lágrimas
    Gastamos las manos a fuerza de apretarlas
    Gastamos el reloj y las piedras de las esquinas
    En esperas inútiles.

    Meto las manos en los bolsillos y nada encuentro
    Antes teníamos tanto que darnos el uno al otro
    Era como si todas las cosas fueran mías
    Cuanto más te daba más tenía para darte
    A veces tú decías: tus ojos son peces verdes
    Y yo lo creía
    Lo creía
    Porque a tu lado todas las cosas eran posibles

    Pero sucedió en la época de los secretos
    En la época en que tu cuerpo era un acuario
    En la época en que mis ojos eran realmente peces verdes
    Hoy son solo mis ojos
    Es poco pero es verdad
    Son unos ojos como los demás
    Ya gastamos las palabras
    Cuando ahora digo: amor mío
    Ya no pasa absolutamente nada
    Y antes de las palabras gastadas
    Tenía la certeza
    De que todas las cosas se estremecían
    Solo de murmurar tu nombre
    En el silencio de mi corazón

    No tenemos ya nada que darnos
    Dentro de ti
    No hay nada que me pida agua
    El pasado es inútil como un harapo
    Y ya te dije: las palabras se han gastado

    Adiós.

    Oda de Ricardo Reis (heterónimo de Fernando Pessoa)

    Para ser grande, sé entero: nada
    Tuyo exageres o excluyas.
    Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
    En lo mínimo que hagas,
    Por eso la luna brilla toda
    En cada lago, porque alta vive.

    Nota aclaratoria:

    Puede que muchos ya lo sepáis.Por aquí pasan algunos eruditos de la mitología griega, pero por si acaso aclaro que Cecrops, que aparece en el poema de Pessoa, era el padre de Atenea que instauró la patriarcalización de Atenas en castigo a su propia hija por haber enojado a Neptuno.

    Quitó a las mujeres el derecho a voto, prohibió que los hijos llevaran el apellido de sus madres y las despojó del título de ciudadanas.

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