No soy un príncipe azul

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Llegé y estabas dormida. Tu cuerpo, desnudo, dibujado sobre la cama por una fina sábana verde que perfilaba artísticamente tu contorno, con la habilidad de un delineante.

Me acerqué a tus labios, sonrosados, lígeramente secos y agrietados, pero que conservaban ese frescor apetecible de las frutas en verano. Tímidamente los besé. Un beso puro casi casto, como el de una madre que se acerca a su hijo para comprobar si tiene fiebre. Ni siquiera te inmutaste. Tus ojos seguían cerrados, esperando quizás más ardor en mis ósculos. Volví a besarte, esta vez con mayor entrega. Fui depositando en tus labios pequeños besos al principio, suaves mordisquitos después hasta que con denostada lujuria aprisioné entre mis dientes superiores y mi labio inferior el tuyo. Tampoco reaccionaste.

Con mi dedo pulgar presioné ligeramente tu mentón, para abrir un resquicio en tu boca por el que introduje mi lengua, buscando, ávida, la tuya. Balanceé ligeramente mi cabeza hacia la derecha y nuestras lenguas se juntaron, en un juego del que no quisiste participar. Mis labios se fueron separando de los tuyos en tímidas despedidas, en pequeños y cadenciales besos que dejaban en el vacío el eco de nuestras bocas semiabiertas.

Sé que no soy un príncipe azul, pero tu apatía comenzaba a desquiciarme. Lejos de abandonar intenté dedicarte toda mi pasión. Suavemente monté a orcajadas sobre tu cuerpo y acerqué mi cabeza a la tuya. Aparté tu cabello y apreté el lóbulo de tu oreja derecha entre mis labios, luego entre mis dientes, humedeciéndolo ligeramente. Fui paseando mi lengua por detrás de tu oreja y dibujando con ella el curso de tu trapecio, descendiendo suavemente hasta tus senos. Me entretuve a jugar con uno de tus pezones, erguido, duro. Se mostraba desafiante al filo de mi lengua en una encarnizada lucha de esgrima. Busqué el otro pezón, para evitar que sintiera envidia, y repetí el combate, esta vez con más fragor.

Junté ambos senos con mis manos, con una ligera presión, y continué el juego alternando a derecha e izquierda. Pero tampoco pareció excitarte.

Mi sexo sin embargo si mostraba una clara excitación por lo que decidí deslizarme suavemente hacia abajo, arrastrando a la vez la sábana, para evitar que se encontrara aún con el tuyo.

Mi lengua continuó su trayectoria descendente, dibujando ahora la hipotenusa de tu abdomen, esa que con esfuerzo y muchas horas de gimnasio habías conseguido diseñar para que se escondiese, insinuante, bajo tus pantalones, que ahora no llevabas.

Con parsimonia fue buscando tu sexo, dibujando caracolas entre tu vello. Mis labios besaron los tuyos, una vez, otra, con una cadencia cada vez menor hasta que mi lengua se entretuvo a separar sus pliegues, con delicadeza, con la misma suavidad con que había besado tu boca. Tras varios minutos continuó su camino descendente, perfilando ahora la parte inferior de tus muslos.

Sé que no soy un príncipe azul, pero te había dispensado uno de mis más habilidosos juegos eróticos y tu te mantenías inerte. Rehice el camino a la inversa, tus muslos, tu sexo, tu abdomen, tus senos, tu trapecio, tu lóbulo, tu boca, ahora con mayor frenesí. Introduje mi sexo en el tuyo y te hice el amor, una, dos, tres, hasta cuatro veces, sin obtener tu respuesta.

Sé que no soy un príncipe azul. Pero tú tampoco eres la bella durmiente, y este trabajo en el tanatorio me está volviendo loco.


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Showing 3 comments
  • CuKy

    jajajaajaj…
    este relato es BRUTAL ! jajajajaja
    ¿ para cuando uno erótico real? jajajajajajajajajaja…

    bEsOs FrIos! jajajajajajajaa
    jajajajaja

  • siemprepeter

    vaya tela telita tela.. al final a otro que enganchas.. jejej!! Gracias!!

  • Mary

    Sublime. De un gusto apenas incomprensible que ante pongo a otros más dañinos y amparados en "la divinidad".
    Una grata sorpresa reafirmar en mi fuero interno qué; nadie aparece en mi vida(o yo en la suya) por causalidad.
    Enhorabuena J.Carlos.

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