La danza de la mariposa muerta (Capítulo III)

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Capítulo III
Merçe Vins

De pronto el corazón le empezó a latir precipitadamente. Parecía que iba a salírsele del pecho. Necesitaba urgentemente seguir leyendo aquel libro que minutos antes había dado por olvidado.

Corrió hasta la calle del Montsió, buscó la segunda a la izquerda, por la calle Amargós y entro atropelladamente en el restaurante que le habían indicado, un viejo local con paredes de piedra coloreadas que le pareció entrañable, aunque algo frío pese al mosaico multicolor de sus tabiques.

Una amable camarera le saludó en catalán, y aunque él respondió en castellano siguió dirigiéndose a él en la lengua de Rodoreda. Le acomodó en una mesa en la esquina y le facilitó la carta, también escrita, por supuesto, en catalán. Eligió una crema de verduras y una pechuga de pollo. Aunque era incapaz de mantener una conversación en aquel idioma las frecuentes visitas a aquellas tierras le permitía defenderse al menos ante un menú.

Abrió el libro por la primera página, que leyó y releyó cien veces dudando aún si debía pasar a la segunda. Lo cerró de nuevo. Se comió la crema de verduras que empezaba a enfriarse y lo volvió a abrir, esta vez directamente por la segunda página.

“Hola, me llamo Natalia, tengo 34 años y si has llegado hasta aquí sólo te pido que ya no abandones la lectura de este libro hasta el final. Seguramente cuando leas estas letras habré fallecido. Pero este es mi único legado.

He editado 50 ejemplares como este que he repartido por otras tantas librerías del país, elegidas aleatoriamente entre los lugares que he visitado en los últimos años. Si ha llegado a tus manos es porque el destino así lo ha decidido y por eso te encomiendo mi última voluntad. Leelo”.

Cerró el libro con los ojos incomprensiblemente llorosos. No conocía de nada a aquella escritora cuya obra, presúntamente póstuma, estaba leyendo, pero la seguridad de sus palabras, con la que se enfrentaba a una muerte segura, y la frialdad que demostraba al haber dedicado los días, quizás meses, previos a la redacción, edición, publicación y posterior reparto de aquellos libros le estremecía.

Casi sin apetito pellizqueó la pechuga de pollo que se había quedado fría y dura como una piedra, y que entró por su faringe arañando el nudo que se le había hecho en la glotis. Pidió un café con leche y siguió leyendo.
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Showing 5 comments
  • QUEMANIA

    Sabes? eres un maestro de la intriga 🙂

  • Anónimo

    El Destino!!!!!

    CuKy

  • QUEMANIA

    Huy se ha colado el IV, y ya lo he leido je je

  • Juan Carlos

    Lo colé a propósito para que lo leyera Cuky que tenía que irse a dormir. Saldrá definitivamente a las 4,10 de la mañana… caprichos de autor… espero que te haya gustado.

  • Nerina Thomas

    Bien!!!!!!!!!!!!

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