Recuerdos de algo que no pasó

-«¡Hola! ¿Te acuerdas de mí?»
(Te acuerdas de mí)

– «Claro qué me acuerdo de ti.»
(Cómo olvidarte…).

– «Viajamos juntos por el Universo».

– «Visitamos la gran barrera de Coral, y París. Observamos el mundo desde lo alto del Kilimanjaro…y paseamos de la mano por el puente de la bahía de Sydney»


– «… Y vimos atardecer tras el Uluru…»


– «Y nos deslizamos en Bobsleigh por Cresta Sun».
(Cómo olvidarte)


– «¿Qué sucedió?».
(¿Qué sucedió?)

– «Se nos agotó el billete de ida.»

– «¿Y no pudimos recargarlo?»
(¿Realmente no pudimos?)

Casilda salió del agua, con la ropa empapada. Escurrió su vestido, lo estiró al sol, y volvió a sumergirse en el mar, a nadar plácidamente entre las olas.

Este texto es una adaptación de otro públicado por María García en su blog y que oportunamente me presta para su publicación. Muchas gracias María.

En las playas de Santa Pola


Siento bajo mis pies la suave textura
de la arena mediterránea,
roza (casi imperceptible) mi piel, con el candor
de tus labios de algodón, de tu tacto,
diente de león.

De vez en cuando un erizo
de mar extraviado, me recuerda
que no es sencillo caminar por tí.

Las olas acercan tu eco y dibujan (esbozan),
tu breve cuerpo en el horizonte,
palmo a palmo
(con delicadeza y a trazos nerviosos).

La concavidad de un seno, la convexidad
de un beso, la complejidad de un deseo.
La continuidad de una noche que no debió acabar,
(o no empezó).

Susurra tu nombre (que yo grito),
me lo devuelve en brisas que lo mascullan (lo mastican),
que te recogen, en este salado olor
a vida, por empezar.

Con todos mis respetos

Posiblemente a la lectura de esta nueva entrada nuestra nueva visitante, María, se eche también las manos a la cabeza pensando que un político no debería decir ciertas cosas. Pero, en vísperas del Jueves Santo y mi primera procesión, no puedo callarme.

Vuelvo a hablar con el corazón y desde el profundo respeto cuando denuncio que me siento discriminado. El próximo jueves, a las 9, tendré que cargar el bastón de mando del ayuntamiento y seguir en procesión un Cristo al que no profeso devoción y una Virgen a la que no me une ningún fervor.

No creo que sea necesario, ni lógico, reclamar un día del orgullo ateo para reivindicar los derechos de esta rama de la «filosofía» con la que me identifico. No creo que sea necesario desprestigiar, ni faltar el respeto a ninguna religión para garantizar los nuestros. Pero me siento discriminado.

Como político y representante municipal el próximo jueves tendré que acompañar unos fieles con los que comparto ciudadanía, pero no creencias, y a los que profeso admiración y respeto por su fe de la que no participo.

Me pregunto si en lugar de ateo fuese musulmán, budista o cienciólogo se me obligaría a asistir a este rito. Si no se llamaría a la sensibilidad religiosa para evitarme el mal trago. Supongo que no. Sin embargo al ateo no se le pregunta. Se le supone una indiferencia con la que no me identifico.

Me promulgo ateo tras años de deliberación. Tras una vida de estudio e investigación. He leído, he debatido y he discutido sobre religión. He participado en largas tertulias y he sucumbido a la biblia de génesis a apocalípsis. Y no me convenció. No creo.

Respeto la religión. Mi madre sin ir más lejos es una ferviente devota y me sobrecoge la fortaleza que saca de sus creencias. Creo en esa religión espiritual que alienta al creyente ante los infortunios. Pero nada más. No puedo.

Y como no puedo me molesta faltar el respeto tanto como que me sea faltado. Considero que mi presencia allí es una falta de consideración mutua. Por mi parte al participar de un rito que considero absurdo, desde mi posición y mis creencias, y por parte de quienes me obligan por no tener en cuenta mi «fe».

Para qué enemigos…

Comenta Jose María Domínguez, acertadamente, que con ciertos amigos para qué quiere uno enemigos, y he de darle la razón.

Durante tiempo he esquivado los memes, este invento de la blogosfera que pretende que te desnudes un poquito y le pases la perversión a otro, para que continúe quitándose ropa, hasta que un reguero de prendas nos indique el camino hasta el inventor del juego. Hasta ahora no me había tocado una invitación directa, y aquellas que sibilinamente alguien me enviaba trataba de ignorarlas por el camino de la ignorancia aparental.

Y funcionó. Hasta que al amigo Jose se le ocurrió ayer convidarme de forma explícita a su meme. Cuando por la noche me comentó que tenía un reto que proponerme pensé en varias de esas locuras ordinarias que suelen ocurrírsele, algunas de las cuales aún estoy esperando, con bastante más agrado que tomar el testigo de este juego. (Por si lo has olvidado recuerda aquel proyecto de escribir algo que nunca escribí, tu y yo nos entendemos).
Su propuesta supone una reflexión profunda y profusa. Una introspección personal en nuestras bajezas más ocultas y el oreo de las rarezas de las que, posiblemente, nos sintamos avergonzados. O al menos así lo he entendido.

Podría no hacerlo así. Y espabilar en cinco frases esas pequeñas y absurdas rarezas o manías que todos tenemos y que forman parte de nuestra personalidad, como tics de comportamiento que se repiten diariamente y nos diferencian de los demás.

Podría decir que uso la cama de invitados como mesita de noche, que duermo con el móvil siempre a mano esperando un mensaje, que soy incapaz de dormir una noche sin haber leído al menos una página de un libro, que huelo la leche antes de bebérmela o que me gustan las películas romanticonas siempre que las vea acompañado. Pero me parecerían frivolidades poco representativas con las que posiblemente se identificarían varios lectores.

Sin embargo en este dificil ejercición de introspección prefiero buscar profundamente y destacar algunas «rarezas» que me identifiquen, por debajo o por encima, del resto de participantes, convirtiéndolo en una confesión personal de la que no espero redención ni penitencia.

1. – Soy obsesivo. Todo lo que hago y siento lo hago de forma obsesiva. Trabajos, proyectos, amor… todo se ha movido por un sentimiento compulsivo al que me entrego por completo, olvidando lo que hay alrededor, incluido yo mismo.

2. – Rara vez termino lo que empiezo. Mi entrega es tan intensa que llego agotado a los metros finales y abandono la carrera. Lo hago en prácticamente todas las facetas de la vida, excepto una que explicaré en la quinta rareza.

3.- No valoro el dinero. No le doy ningún valor. No me importa. No ahorro ni tengo nada mío. Gasto con el mismo descontrol que gano. No me preocupo de cobrar, como a veces también me olvido de pagar. No por moroso, si no porque no me acuerdo.

4.- Con frecuencia descuido a las personas que quiero. Desaparezco durante días, quizás meses. Olvido sus fechas especiales, sus ilusiones o sus sueños. Puedo ser el mejor y el peor amigo. De cualquiera y de mi mismo.

5. – Cuando amo lo hago para toda la vida. Me encapricho a menudo. Me enamoro locamente cada 5 minutos, pero sólo amo una vez, y es para toda la vida. Soy capaz de esperar 50 años, como Florentino Ariza.


Ya están mis cinco rarezas. Mi confesión personal. Espero no haberos aburrido mucho y confío en no haberos desvelado nada nuevo.

Y estas son las reglas del meme:

1.-Nombrar a la persona que te ha nominado, poner un link a su página y citar estas reglas en tu blog.

2.-Compartir cinco rarezas sobre tí mismo.

3.-Nominar a cinco personas para que continúen con el meme.

4.-Hacer saber a estas personas que están nominadas dejando un comentario en su blog

Y mis nominados son:

Mamen

Iván

Cuando todos ganan

Quisiera haber empezado esta entrada con un comentario de satisfacción por los resultados electorales, por la victoria socialista y porque se abre ante nosotros un camino de continuidad en la lucha por los derechos personales y sociales que se inició hace 4 años. Pero no soy capaz.

Quisiera ser optimista y unirme al lado de los que hacen valoraciones positivas, de los que se felicitan mutuamente, de los gritos de júbilo, de las palmadas de la espalda, de los que creen que han ganado. Pero no puedo.

Quisiera poder hacer una lectura sesgada de los resultados. Manipulada y tergiversada, subjetiva y autocomplaciente. Pero no me sale.

Quisiera ser como todos, pero no lo soy. Y donde todos ven un triunfo personal, particular o partidista yo veo una derrota del progresismo, de la pluralidad y la participación. Dónde cada uno saca sus conclusiones positivas, sus hemos ganado, hemos mejorado o somos los que más crecemos yo veo un hemos asfixiado, hemos extinguido o, simplemente… nos hemos salido con la nuestra… que no es la de todos.

Tendemos… bueno, no. Hemos caído, en el bifrontismo, en el bipartidismo enfrentado, en el blanco o negro, sin matices, en el tira o afloja y el cara o cruz. Se pierde la pincelada, el acento átono. Nos volvemos América y su tu o yo.

No estoy feliz pese a que los resultados nos auguran 4 años de ilusión, crecimiento y justicia social.

Esta es mi nuca

Hace 11 años, siendo redactor jefe del Diario Ciudad, aquel proyecto que luego derivaría en Diario Mérida y Diario Badajoz, escribía un artículo con este mismo titular. Hoy he buscado aquel artículo para recuperarlo, pero no lo he encontrado. Aquel 13 de julio, la muerte de Miguel Angel Blanco suponía un duro mazazo para los que creemos en la democracia. Hoy nuestros corazones vuelven a estremecerse ante la barbarie terrorista.

Aquel día mostraba mi nuca desnuda a la arbitraria crueldad de los terroristas. Ofrecía mi impotencia a la ruleta rusa de la injusticia, de la inconsciente forma de entender la democracia, a ser obstáculo de una bala en cuya trayectoria estamos todos los demócratas.

Hoy vuelvo a hacerlo. Me postro de rodillas sobre las bases que sustentan nuestra sociedad, sobre la creencia de que la libertad y vivir sin miedo es posible, sobre la confianza en la voluntad de todos para acabar con esta sinrazón, y ofrezco mi nuca. La misma que ha recibido abrazos de amistad, besos de cariño, palmadas de apoyo, sudor del esfuerzo por luchar por la libertad, el peso de creer en la justicia. Igual que la de Isaias Carrasco.

Ofrezco mi nuca para demostrar que los demócratas somos valientes, que no nos escudamos en una pistola para defender nuestras creencias, que no atacamos por la espalda a quienes no piensan como nosotros, que no tratamos de imponer nuestra ideología a cambio de sangre. Que ni sembramos, ni tenemos miedo. Tenemos confianza, sembramos ilusión, creemos en la paz.

Esta es mi nuca, si crees en la paz deja un beso, si no, una bala.

Juan Carlos Herrero
Concejal del Ayuntamiento de Plasencia (hoy más orgulloso que nunca)