Alguien tenía que callar a Lineker

Fue en el mundial de Italia, tras perder en la tanda de penaltys contra el equipo germano, cuando el delantero británico Gary Lineker dijo una frase que pasó a la historia junto a él y que inexorablemente parecíamos condenados a sufrir, «el fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania». La sombra de esta frase, que se había hecho de nuevo famosa tras sucumbir el Getafe frente al Bayern en la UEFA, volaba ayer sobre la cabeza de todos los españoles como una espada de Damocles amenazando con cumplirse de nuevo.

Pero no. Ayer por fin se hizo justicia y alguien puso un dedo sobre la boca del inglés para desmentir esta frase.

De ahí se pasó a otras frases, menos contundentes, pero que también se convertirán en referentes para las generaciones venideras.

La más recurrida, aparte de los tradicionales «Campeones», «España oeee» y «oeee oeee», fue un ejemplo de convicción, de sueños realizados, «pudimos», que cerraba con ilusión el «podemos» que había conseguido movilizar a España entera detrás de un mismo objetivo.

Pero para el recuerdo quedan algunas que cito por su originalidad:

Por el recuerdo:

– Arkonada, vengamos tu cagada!!!
– Luis Enrique, vengamos tu tabique!!!

Por el resentimiento:

– El día 32, Raúl selección!!!
– El día 32, Guti selección!!!

De ratificación patria:

-Yo soy español, español, español….

O por saber como iba a terminar todo:

– El 30 de junio, fiesta nacional!!!

De

De amor que pierde una mañana

De pétalos de flor que pisoteas
y dijeron sí

De rabia contenida en un te quiero
de no decir realmente lo que miento
de callar mi amor y no entenderlo
de olvidar decir «te amo»

De ignorar lo que realmente siento
de cambiar falacias por sentimientos
de engañarme, a ti y a los que aprecio.

De pensar que es mejor así cuando no es cierto…

No soy un príncipe azul

Llegé y estabas dormida. Tu cuerpo, desnudo, dibujado sobre la cama por una fina sábana verde que perfilaba artísticamente tu contorno, con la habilidad de un delineante.

Me acerqué a tus labios, sonrosados, lígeramente secos y agrietados, pero que conservaban ese frescor apetecible de las frutas en verano. Tímidamente los besé. Un beso puro casi casto, como el de una madre que se acerca a su hijo para comprobar si tiene fiebre. Ni siquiera te inmutaste. Tus ojos seguían cerrados, esperando quizás más ardor en mis ósculos. Volví a besarte, esta vez con mayor entrega. Fui depositando en tus labios pequeños besos al principio, suaves mordisquitos después hasta que con denostada lujuria aprisioné entre mis dientes superiores y mi labio inferior el tuyo. Tampoco reaccionaste.

Con mi dedo pulgar presioné ligeramente tu mentón, para abrir un resquicio en tu boca por el que introduje mi lengua, buscando, ávida, la tuya. Balanceé ligeramente mi cabeza hacia la derecha y nuestras lenguas se juntaron, en un juego del que no quisiste participar. Mis labios se fueron separando de los tuyos en tímidas despedidas, en pequeños y cadenciales besos que dejaban en el vacío el eco de nuestras bocas semiabiertas.

Sé que no soy un príncipe azul, pero tu apatía comenzaba a desquiciarme. Lejos de abandonar intenté dedicarte toda mi pasión. Suavemente monté a orcajadas sobre tu cuerpo y acerqué mi cabeza a la tuya. Aparté tu cabello y apreté el lóbulo de tu oreja derecha entre mis labios, luego entre mis dientes, humedeciéndolo ligeramente. Fui paseando mi lengua por detrás de tu oreja y dibujando con ella el curso de tu trapecio, descendiendo suavemente hasta tus senos. Me entretuve a jugar con uno de tus pezones, erguido, duro. Se mostraba desafiante al filo de mi lengua en una encarnizada lucha de esgrima. Busqué el otro pezón, para evitar que sintiera envidia, y repetí el combate, esta vez con más fragor.

Junté ambos senos con mis manos, con una ligera presión, y continué el juego alternando a derecha e izquierda. Pero tampoco pareció excitarte.

Mi sexo sin embargo si mostraba una clara excitación por lo que decidí deslizarme suavemente hacia abajo, arrastrando a la vez la sábana, para evitar que se encontrara aún con el tuyo.

Mi lengua continuó su trayectoria descendente, dibujando ahora la hipotenusa de tu abdomen, esa que con esfuerzo y muchas horas de gimnasio habías conseguido diseñar para que se escondiese, insinuante, bajo tus pantalones, que ahora no llevabas.

Con parsimonia fue buscando tu sexo, dibujando caracolas entre tu vello. Mis labios besaron los tuyos, una vez, otra, con una cadencia cada vez menor hasta que mi lengua se entretuvo a separar sus pliegues, con delicadeza, con la misma suavidad con que había besado tu boca. Tras varios minutos continuó su camino descendente, perfilando ahora la parte inferior de tus muslos.

Sé que no soy un príncipe azul, pero te había dispensado uno de mis más habilidosos juegos eróticos y tu te mantenías inerte. Rehice el camino a la inversa, tus muslos, tu sexo, tu abdomen, tus senos, tu trapecio, tu lóbulo, tu boca, ahora con mayor frenesí. Introduje mi sexo en el tuyo y te hice el amor, una, dos, tres, hasta cuatro veces, sin obtener tu respuesta.

Sé que no soy un príncipe azul. Pero tú tampoco eres la bella durmiente, y este trabajo en el tanatorio me está volviendo loco.

Una mala noche la tiene cualquiera

Me desperté con sueño. Los ojos se me pegaban legañosos y un fuerte dolor de cabeza, que empezaba en la zona occipital y se centraba como un pinchazo en el vértice del frontal, casi en su confluencia con el hueso nasal, me hacía presagiar que no había sido una buena noche.

Apenas recordaba nada, confuso intentaba ordenar ideas, pero el tremendo dolor de cabeza, que me latía como si fuera a estallar, me impedía razonar con cordura.

Intenté abrir un ojo. Los párpados prácticamente se habían soldado uno al otro dejándome apenas un resquicio para ver la hora en el despertador. Me observaba atónito desde el suelo, víctima seguro de un ataque de histeria. Marcaba las 14,27 y un parpadeo rojizo me amenazaba con hacer sonar de nuevo la alarma, que automáticamente había ido retrasando desde su primer alarido a las 9 de la mañana. Con un enorme esfuerzo conseguí desenchufarlo y sus números se desvanecieron, dejando en mi retina el brillo de sus cuatro dígitos, 14:28.

Un escalofrío me recordó que estaba completamente desnudo. Palpando con los pies localicé mi pijama arremolinado junto a las sábanas al final de la cama. Intenté girar sobre mi costado derecho y sentí que un frío cuerpo extraño me lo impedía.

No quise mirar. Volví a retroceder a aquella noche para explicar aquella presencia en mi cama. Pero no lo recordaba. Otra vez el dolor de cabeza se interponía entre mi consciencia y mis recuerdos. Vagamente recordé cómo había ido a la desesperada. Como poco a poco había ido reduciendo las exigencias, pero era incapaz de recordar su nombre, ni siquiera su aspecto.

Me arrastré hacia mi izquierda tímidamente. Dejando un hueco entre los dos que me permitiera poder observar con perspectiva.

Un frío sudor me impedía girarme y comprobar la realidad. No podía equivocarme de nuevo. Eran ya demasiados errores. Demasiadas burlas después por parte de mis conocidos. Esta vez lo callaría. Mantendría aquella noche en el más estricto secreto.

Poco a poco me fui girando a medida que abría los ojos y de nuevo se cumplieron mis peores presagios.

Abierto, por la última página, yacía sobre mi cama el último bestseller que había entrado en mi biblioteca.

No suelo poner vídeos II

Es cierto, no suelo poner vídeos.

Tan solo había colgado hasta ahora los correspondientes a mi aparición en «el juego de llaves» de Canal Extremadura, y el otro día hice una excepción con la canción de Conchita, por lo que significaba en ese momento, no para mí, sino para alguien que estaba pasando por una situación dificil, que empieza a ver la luz ahora. (Aunque a veces todos nos hayamos sentido con ganas de cantar algo parecido a lo que canta Conchita, con distintos nombres, género o más o menos razón y rabia)

Estaba esperando una mejor ocasión para poner este vídeo, que ya me encargué de difundir oportunamente entre mis contactos, pero la sugerencia de mi amigo-hermano (hermano-amigo) Jose, supongo que en ese sentido, me lleva a hacerlo ahora.

Obcecado en encontrar una buena fecha me doy cuenta de que había dejado pasar la mejor. Pero claro, ahora caigo en que en esa fecha el vídeo aún no existía, le quedaba una semana…

Debería haber sido el 15 de Mayo.

Me remonto a ese día, pero de 2004. Un paraje incomparable, como todos los marcos lo son para ocasiones especiales, y un momento especial, el XX aniversario del campamento Padre Pacífico de la Asociación de Amigos de Francisco de Asís en Descargamaría. Aquel día descubrí a un grupo de gente que se convirtió, sin quererlo, en parte de mi vida.

No puedo recordar con claridad todo lo que sucedió aquel día, ciertas nubes de cerveza y ron eclipsan algunos de sus momentos, pero desde entonces se fija en mi memoria un himno, que me ha acompañado en estos 4 años como emblema de la amistad, «manos abiertas».

En estos 4 años han pasado muchas cosas. La familia fue creciendo tanto como las ilusiones, y los buenos y malos momentos se fueron alternando prevaleciendo los primeros, que pronto hacían olvidar los segundos.

Fueron 4 años de proyectos compartidos, de decenas de canciones, de cientos de abrazos, de miles de kilómetros, de millones de palabras, de una emoción conjunta y de un mismo sueño que nos hacía luchar, llorar y reir por un mismo objetivo.

Hoy, y con el tiempo, hay veces que siento que ya no voy en esa furgoneta que, como la del profesor Poopsnagle cruza los límites de la realidad para contagiar con su ritmo, su emoción y sus sentimientos a todos los que se quieren unir a ese sueño.

Otras, dependiendo del momento, me vuelvo a sentir al volante, o quizás asomado a una de sus ventanillas, o en su carga dando palmas y bailando, a mi manera, esas rumbas con tanto duende.

Hoy recapitulo pasajes, fotografías de estos 4 años y me quedo con la cara de estupefacción de Miguel al ver 3000 personas en la plaza de toros de Plasencia, con las lágrimas de Jorge en un emotivo concierto dedicado a su madre, con la imitación de Sabina de Antonio en la plaza de Santa María de Cáceres tras el concierto del corral de las Cigüeñas, con las palabras de Lupe tras el concierto de Zarza la Mayor, con una llamada a tiempo de Carlos mientras paseaba por la Isla y con todos y cada uno de los momentos vividos con Jose.

Y todos ellos los resumo en una breve aparición, apenas reconocible, tras unas gafas oscuras y de escasos segundos, en el vídeo que ahora cuelgo.

Una aparición efímera, tanto como lo habrá sido mi participación en este sueño, pero para mí tan importante como espero que lo haya sido esta para ellos.

Os dejo con esta invitación a volar… con nosotros:

No puede

Le ha costado… empecé intentándolo por arriba, creyendo que por abajo iba a ser muy difícil, que era muy grande para ella y se iba a resentir. Pero nada, no había manera. Por mucho que intenté convencerla. Incluso cuando lo tenía ya en la boca, lo rechazó, y sin darme cuenta lo cogió por debajo sorprendiéndome con una perfecta ejecución, pero no es lo que buscaba.

Volví a intentarlo por arriba. Ya era cuestión de orgullo. Es imposible que a estas alturas se me resista… Incluso hablaba con ella, “pero si es por tu bien”, le decía, “que por abajo no te va a entrar”, “¿has visto lo grande y gordo que es?”

Pero nada, no había forma. Claro que por arriba nunca había metido nada y tampoco yo sabía muy bien como hacerlo. Le abrí la boca hasta atrás, ajustando los lados para que no se atascase, lo puse sobre la lengua, fría y dura curiosamente, y cuando empezó a calentar… pareció atascarse, y tuve que empezar de nuevo.

Viendo que era imposible, que se echaba la noche y que por lo menos quería hacer 8 antes de dormir la hice caso, y empecé por abajo. Al principio parecía no entrar. Ya lo había dicho. Era más grande y gordo que cualquier otro que hubiese usado nunca. Esa misma tarde había hecho unos cuantos, me dijo, pero de un tamaño estándar, esto era otra cosa.

El primero entró con dificultades, llegué a preocuparme por los ruiditos que despedía, pero parecía que lo estaba aceptando con resignación. El segundo le costó más, incluso se cerró en banda y dijo que no había manera, pero al final lo hizo.

Por fin encontré la postura, sólo había que cambiar la orientación, y a partir de ahí los 8 sin problema alguno.

Por fin tengo los 8 diplomas impresos sobre la impresora, tengo que aprender a usar la bandeja superior porque si no me la voy a cargar con estos impresos tan grandes y duros.

(Recuperado de la vieja caverna para incluirlo en esta saga de cuentos absurdos que inicié ayer)

Como pudo

Vivía en su cabeza. Para mí desde que nací. Me había acostumbrado tanto que ya era como mi hogar. Sabía desde el principio que no podía ser definitivo, que algún día debería salir de allí, pero no me iba.

Estaba eternamente en su cabeza. Llegué a pensar en que debía huir, entrar, por qué no, en otras cabezas, probar otras experiencias. Yo quería salir, pero no me dejaba, me retenía día tras día en su cabeza.

Pensé si se habría obsesionado, si quizás me hubiese obsesionado yo. Necesitaba huir, lo pedía a gritos, pero no, era incapaz de salir de su cabeza. Me retenía contra mi voluntad. Hice méritos para que me sacase definitivamente, me rebelé, me crispé, y hasta me uní a otros para montar una revuelta. Algún día debería mirarse al espejo y saber que debía sacarme de su cabeza.

Pero no lo hacía. Allí me mantenía, intentaba domarme a su antojo. Se creía mi dueño y señor. Me dirigía, me guíaba, me vigilaba constantemente, antes de dormir, al despertarse… Me tocaba hasta que sus manos llegaron a darme asco. Presumía de mí ante sus amigos. Era su posesión y yo no podía gritar, decir que me quería ir, que quería escaparme… estaba en su cabeza.

Pero un día decidió abandonarme. Un día decidió cortar tajantemente conmigo. Sin ninguna explicación, sin que le temblara la mano. Sentí indefensión, incomprensión… ¿por qué de repente me sacaba de su cabeza? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué había hecho?

Incomprensiblemente intenté aferrarme a él. Me deslicé por sus mejillas buscando una lágrima, me aferré a su cuello, buscando el calor de un beso, intenté dormir en su espalda… pero no miró atrás. Definitivamente había decidido sacarme de su cabeza.

Me fui, en un torrente de agua, no sé si de lágrimas y nunca más entré en su cabeza.

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(Historia de un pelo)

Se tú

Alternas tu sonrisa tentadora con un mohín de rechazo, tu invitación a tomarte con tu mirada huidiza, tu ven con un vete, y tu abrazo con kilómetros de espacio.

Pero tú eres esas contrariedades, y esos gestos tan tuyos que te definen y te poseen.

Tú eres eso, y no lo que otros han dibujado o previsto para tí.

Eres fuego de artificio, belleza en aire pero encerrada solo estropicio.
Eres un grito de libertad en el campo, un chillido en tu cuarto.

Que no te encierren las paredes, ni las de ladrillo que delimitan tu casa, ni las mentales que delimitan tu libertad, ni las personales que delimitan tu ser.