Siempre es otoño


Las desnudas ramas del almendro me devuelven

a la realidad de un confuso otoño,

disfrazado de primavera,

en la que buscan su blanca flor.

Perecí a la ilusión del cerezo,

blanco de nieve,

presagio de un inminente invierno

que heló mi esperanza.

Es otoño.

Creí por momentos ver en flor el almendro y el cerezo,

pero era el lecho canoso de este solsticio de diciembre,

que engañaba a mi corazón.

Mis ilusiones se vieron reflejadas en sus rígidas varas,

que aguantaban a la intemperie el rigor de la helada,

penitentes,

por haber soportado la belleza de una primavera que pasó,

y que regaló sus frutos a unos labios que no eran los míos.

Pasó su tiempo, como el mío.

Pasó el verano y siempre es otoño.

Un pensamiento en “Siempre es otoño”

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