Te quiero y te necesito


Llegaste a mi en una tarde de junio,
¿o fue una mañana de invierno?.

Vitales,
como el tibio sol de un amanecer
descubrí tus ojos.

Pronto la prístina luz de tu mirada
se me antojó esencial.
Necesaria, indispensable,
para despertar cada mañana.

Luego, como un susurro, llegó tu voz.
Un canto de sirenas
para el que Ulises, incauto,
no me había atado al mastil principal.

Caí en su eco, como
una nota desafinada que se apaga
ante la más deliciosa melodía,
como la luz de una vela que se pierde
ante el resplandor
de la aurora boreal.

Ahora solo repito cada día,
«te quiero y te necesito».

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