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Haz la casita

Hoy he ido a esquiar por primera vez. Aunque mi buen amigo Mario había insistido en reiteradas ocasiones para que le acompañara alguna vez a la práctica de este deporte, ha sido otra gran amiga, Elena, la que me ha convencido para que lo hiciera.

Mi falta de equilibrio, mi pobre forma física, y mis temores me han llevado a practicar durante horas la actividad de caída y recuperación. He caído de mil formas diferentes sobre cien partes distintas de mi cuerpo, cómo ahora me recuerdan mi rodilla dolorida, mis nalgas amoratadas y algún que otro hematoma disperso por distintos lugares de mi cuerpo.

Durante todo este aprendizaje de «maneras de caer y volver a levantarse» todo el mundo a mi alrededor ha insistido con un consejo: «Haz la cuña». Lo he intentado. He agachado el culo, doblado las rodillas, girado los tobillos, juntado y separado los pies; tantos movimientos extraños que más bien parecía el nuevo baile de King África… con nulo resultado. Una y otra vez mis esfuerzos rodaban sobre la nieve.

Tras 3 ó 4 horas de denodados, pero inútiles, esfuerzos se ha acercado una niña de no más de 3 años al verme caer y me ha dicho «haz la casita».

Se refería a la misma postura de cuña en la que tanto habían insistido a mi alrededor durante horas pero, no sé por qué motivo, al levantarme, he colocado mis pies, y los esquís han frenado automáticamente. He avanzado unos metros, he vuelto a colocar mis pies, y de nuevo he conseguido frenar. Desde ese momento no puedo decir que haya esquiado ni siquiera como un familiar lejano de los Fernández Ochoa, pero al menos he conseguido soltarme y disfrutar esquiando del resto de la tarde.

A veces escuchamos los consejos que nos dan a nuestro alrededor para que dejemos de caer siempre en los mismos errores y no somos capaces de corregir nuestra postura. Tiene que ser la dulce voz de la inocencia la que, con sus propias palabras, nos haga reaccionar.

Agustín el cartones

Había muerto ya seis veces. Y es que como los gatos callejeros iba sorteando a la vida con su caminar errante, ganando a la par muestras de compasión y de repulsa. Sin embargo, si te molestabas en conocerlo, ese sentimiento inicial se transformaba en un profundo aprecio.

Agustín vagaba por las calles de Plasencia como si perteneciese a ellas. Cualquiera diría que llevaba allí desde su fundación. Su enjuta figura y su penetrante mirada bien podían datar del medievo, heredadas quizás de un peregrino que un día se guareció en las murallas de Ambrosía y desde entonces vagaba condenado a no poder escapar de sus puertas.

El mismo suelo que durante años acogió sus sueños, protegido tan solo por un tálamo de cartones que le dio su sobrenombre, se ha convertido en su lecho mortal, dónde nunca figurará un epitafio ni una placa con su nombre, pero si una huella imborrable en la memoria de cuantos un día se cruzaron con su sombrío atisbo y recibieron un educado “buenos días, ¿tiene un euro para un café?”

Su figura se había ido encorvando hasta convertirse prácticamente en un cáncamo, una silueta casi fetal que parecía querer regresar a su nacimiento buscando, tal vez, la redención de un desconocido pecado saldado con llagas hasta en su mirada.

Hoy ha llegado la séptima y definitiva. Agustín no volverá a convertirse en ese compañero ausente de las sombras de Plasencia.

Descanse en paz.

Se abrió un claro entre las nubes

(nació como comentario para ron con cola)

Se abrió un claro entre las nubes y volvimos a ver el sol….

Sí, pero además en todos los sentidos.

Se abrió un claro en una tarde lluviosa que amenazaba con privarnos de nuevo de la música de Iniesta, y se abrió un claro en un tremendo nubarrón, que cubría Plasencia desde el gobierno del caciquismo y la derechona fascista, medrosa de que los hijos les salieran drogadictos por culpa de la música o las hijas putas por culpa de las drogas.

Al final las hijas les salieron igual de zorras y los hijos se metieron por vena hasta el agua de los retretes, pero al son de la música de siempre así. Tremenda condena metafórica para alguien castigado a vivir en el ostracismo y la continuidad del régimen que añoran y lloran por las esquinas.

Se abrió un claro con los versos de Neruda, porque sucede que a veces me canso de ser hombre, si es hombre el que se somete, o con los del chinato, porque ahora prefiero ser un indio que un importante abogado, o un concejal obcecado.

Se abrió un claro con la guitarra de Uoho por quien no pasan los años y se abrió un claro entre una multitud enfervorecida que botaba y se empujaba con la educación de quien te acaricia.

Se abrió un claro que aún hoy dura y que movilizó a 12000 personas. Entre ellas, nosotros.

Gracias Enrique porque con tu empeño se hizo posible

El juego de llaves

Durante esta semana estoy participando en el juego de llaves de Canal Extremadura. Aquí os dejo colgados los vídeos para que me veáis si os interesa. Sé que no me vais a perdonar el romance que me inventé entre la Preysler y Ruiz Mateos, y mucho menos que acudieran al estomatólogo para que les viera los problemas digestivos, pero se lo achacaremos a los nervios del principio. De todas maneras de todos es sabido que los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios. Lo importante es cómo acaba… Os invito a seguirlo durante toda la semana.

Para navegar por los vídeos tenéis unas flechitas a derecha e izquierda del reproductor que os permitirán pasar de vídeo a vídeo. Cada programa está dividido en 3 partes de 10 minutos que es lo máximo que permite el Youtube.Para facilitar la navegación por los distintos días veréis que al lado del botón de play/pause del reproductor hay otro que permite elegir sobre pantalla el vídeo que queréis ver.

Espero que disfrutéis tanto como yo participando y si queréis asistir no dudéis en llamar, es una experiencia gratificante, y muy muy divertida.

La generación Nutella

Odio las generaciones. Y no me refiero a la del 98 o a la del 27, ni siquiera a la del 50, que se ganaron su espacio y sentido gracias a su talento. Me refiero a esas generaciones espontáneas que alguien se inventa entorno a algún razonamiento social, le pone un apellido y se la adjudica a todos los miembros de ese sector determinado, principalmente a los jóvenes.

Me refiero a los VIP, los JASP, los mileuristas o la generación de la nocilla. Todos invento de sociólogos y escritores que intentan equiparar a jóvenes de realidades completamente distintas e incluso divergentes bajo un mismo sello que los tribalice.

Hoy me he encontrado con alguien que perfectamente encajaría en cualquiera de estas tribus cronológicas y encima defendería sus arquetipos, bajo el simple pretexto de escucharse y no escuchar a los demás, su principal virtud.

Espido Freire es una chica bollycao en un mundo de Nocilla. Habla de momentos de estadio en la lectura de Harry Potter cuando ella establece inmensos espacios diáfanos dónde coloca a todos cuantos se salen de su entorno. Ya sean jóvenes indolentes, estudiantes perezosos o mileuristas que no llegan a 500 euros de sueldo. Lo importante, como en las abuelas de mi pueblo, es generalizar para no preocuparse de las especificidades, para no observar que existen ombligos que no sean el suyo, ni opiniones que no comparta. Se gusta y lo sabe. Posa hasta para un parpadeo y se cree la última vestal de una cruzada literaria que terminó en su cuna, depositaria de la excalibur de las plumas que nadie podrá esgrimir nunca más.


Yo me quedo en la generación Nutella. Mucho más pobre y desconocida. Distinta a los demás. de vaso feo, pero distinta.

La pasión de decir

La pasión de decir /1

Marcela estuvo en las nieves del norte. En Oslo, una
noche conoció a una mujer que canta y cuenta. Entre
canción y canción, esa mujer cuenta buenas historias, y
las cuenta vichando papelitos, como quien lee la suerte
de soslayo.

Esa mujer de Oslo, viste una falda inmensa, toda llena
de bolsillos. De los bolsillos va sacando papelitos,
uno por uno, y en cada papelito hay una buena historia
para contar, una historia de fundación y fundamento y
en cada historia hay gente que quiere volver a vivir por
arte de brujería. Y así ella va resucitando a los olvidados
y a los muertos: y de las profundidades de esa falda van
brotando los andares y los amares del bicho humano,
que viviendo, que diciendo va.

De Eduardo Galeano – El libro de los abrazos
Para tí, que tienes muchos papelitos que sacar aún de tu falda.

El viejo colegio ¿I?

Hoy, por cuestiones políticas, he tenido la oportunidad de volver a hablar con mi viejo profesor, Faustino Rozalén. Escuchar su voz al otro lado del teléfono me ha llevado a aquellos días de invierno, en el vetusto Inés de Suárez. No sé por qué, pero recuerdo más los fríos y grises días de invierno, viendo llover tras sus ventanas, que los de primavera u otoño. Esos días le tiñen de cariño, de nostalgia.
Era nuestro colegio de cáscara de nuez. Así lo definió un día el propio Faustino, Don Faustino por aquellos días e incluso hoy, y me quedé con su acepción. Un colegio arrugado y avejentado por fuera, pero con un sabroso fruto dentro. Entre sus paredes aprendí a vivir. Juan, Ángel, Alonso, el mismo Faustino… se convirtieron pronto en esos referentes que un niño con anisas de aprender necesita.
Nunca les he agradecido personalmente cuánto significaron para mi formación, quizás nunca tenga el valor de decirselo, aunque creo que lo han sabido ver en la ilusión que muestro cuando, por casualidad vuelvo a encontrarme con ellos.
A Juan lo veo a menudo, siempre ajetetreado con su gran afición, el flamenco, solemos hablar de mi familia, de sus hijas, y como no, de su pasión por el cante jondo. Con Alonso también coincido frecuentemente por motivos sociales o políticos principalmente. A Ángel lo veo menos. Tuve la oportunidad de charlar animosamente con él hace alrededor de 4 años, estaba de director en el colegio de Caminomorisco dónde celebramos la feria de asociaciones del Consejo de la Juventud. Nos pusimos al día de nuestras vidas y me alegré de saber que había sido abuelo. A Faustino es al que menos veo, pese a vivir en Plasencia y coincidir frecuentemente con alguno de sus hijos. Sé que está ahí. Cambió mi forma de ver la historia, de aprender de ella, de vivirla. Hoy he hablado con él y sólo su voz me ha recordado todos aquellos días. Iré trayendo alguno por esta caverna.

Special K con vainilla y frutas selectas

Son las 10 de la mañana y acabo de desayunar un bol de leche desnatada con cereales, los Kellogs Special K con vainilla y frutas selectas. Hasta ahí todo sería normal si mi desayuno en los últimos meses no hubiese sido inexorablemente un café a las 8,50 con un platito de migas o un medio bollo plancha en el español. Algo ha cambiado.

Además unas pequeñas molestias musculares en las piernas y ciertas residencias legañosas en mis ojos me recuerdan que ayer estuve en mi primera sesión de gimnasio y esta noche he dormido como un lirón durante al menos 9 horas. Algo ha cambiado.

Ahora me ducharé, esparciré por mi cara algunas cremas y me vestiré para ir al ayuntamiento, hoy, y si el tiempo lo permite, en moto. Algo ha cambiado.

Tengo que ver unas facturas, realizar unos cobros, hacer unas llamadas, convocar unas reuniones, quiero ver a las asociaciones de vecinos, e iniciar una serie de proyectos que dormían en mi mente a espera de una mayor actividad. Algo ha cambiado.

Luego me pasaré a saludar. Los cambios no pueden ser tan drásticos y hay que cultivar las amistades. Volveré a casa y tras comer, algo frugal y sano, ver la tele mientras charlo animosamente con mi madre, y dar alguna cabezada en el sofá, volveré al gimnasio. Hoy creo que me estrenaré en la cinta andadora. Ya he preparado el mp4 cojn música para tal acontecimiento. Algo ha cambiado.

Espero poder escribir esta entrada de nuevo el próximo mes.

Por si acaso unos datos que también tienen que ir cambiando. 75 – 97 – 103 -98 No es un teléfono, pero algo ha cambiado.

Deseos

Las navidades son fechas propicias para la ilusión y formular deseos para el año que viene. Os dejo unos calcetines colgados para que pidáis los vuestros a través de los comentarios.

Ya hay calcetín de gato….

Es navidad

Este año los reyes no dejarán en mis zapatos el regalo que he pedido. He debido ser malo. Sin embargo el espiritu navideño debe reinar. Las calles ya están engalanadas, las luces avisan de la llegada de las fiestas y miles de personas pululan por la ciudad en esa vorágine que algunos critican por comercial, pero que a mi me suena a ilusión y convivencia.

Yo no voy a ser menos y ante la insistencia de Patricia he decorado mi caverna. Entrad y coged un polvorón. Los sugus están en un cajón a espera de que pasen estas fiestas.