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Y los reyes vinieron en Agosto…

Este año los reyes tenían prisa. Preveían el frío que iba a hacer estas navidades y se acercaron en agosto. Trajeron una sonrisa y unos ojos grandes y expresivos. Trajeron ilusión y cariño en grandes cajas, que apenas podían sostener los camellos, y un motivo para ser feliz. Este año no seguían una estrella, si no a la luna, que reflejada en dos enormes ojos cantaba una nana. Este año cruzaré los dedos, para que vuelvan a ser tan generosos.

La magia de la vida

Le oí llorar. Era un llanto lleno de vida, reivindicando su lugar en las nuestras. Fue el primer contacto con Alejandro. En la distancia, tan solo ese llanto enérgico que humedeció mis párpados inmediatamente. Mi sobrino acababa de nacer.

Luego pudimos verlo a través de la beteada persiana de neonatos. Ligeramente arrugadito, con los pies aún amoratados por la diferencia térmica. Se empeñaba en buscar sustento, seguramente a su exhausta madre que le esperaba en la habitación. Se movía con esa danza minúscula que sólo los bebés saben ejecutar. Con esa parsimonia que se convierte en un baile hipnótico para quien lo mira.

Abrió ligeramente los ojos, despertando una exclamación unísona entre la expectante familia que miraba tras el cristal. Todos le acunamos en nuestra sonrisa, dibujando para él el nido más placentero entre nuestros labios.

Se irguió, con una fuerza que a todos nos pareció sobrenatural, y pareció dedicarnos su primera mueca de afecto.

Luego pude tocarle. Un segundo, al cruzar el pasillo en busca de su madre. Es suave, tan tierno que las yemas de mis dedos aún guardan su delicadeza. El aterciopelado tacto de un moflete que instintivamente dibujé con mis manos.

Lo he tenido en mis brazos. También un segundo, pero lo suficiente para saber que en mi regazo estará para siempre el calor que necesite.

La vida es magia. Descubrirla de repente, hechizante.

Cada día más feliz.

Creo que puedo distinguir su cara. Sus facciones que aún no encuentran parecidos pero que ya muestran una plácida sonrisa que se me ha contagiado y no puedo evitar. Puede que esté equivocado y dónde creo ver la tez más bonita del mundo sólo haya un codo, un hombro o una pierna, pero sin mucho esfuerzo puedo imaginarme su carita, sus ojos cerrados en un agradable sueño, su pequeña nariz chata y unos labios sonrientes que reflejan el cariño que ya recibe en su placenta.

Hoy mis brazos adoptan la forma de su cuerpo, diminuto, delicado, esperando acogerlo en sus sueños. Mi voz entona una nana arrítmica, desentonada, pero que adquiere compás en la pasión que le empeño. Mis ojos se pierden en la profundidad de los suyos y mis labios comprueban en delicados ósculos la temperatura de su breve cuerpo. Hoy sueño que ya ha nacido y lo arrullo mientras duerme, con una canción feliz como él me hace. Hoy descuento días en mi calendario para sumarlos al suyo, me hago más feliz a medida que se acerca.

Si te fijas es Alex

Dicen que la foto ya va siendo más clara, que incluso han podido averiguar su sexo. Alejandro, Alex desde ya, nacerá en agosto. Si te fijas puedes ver sus bracitos recogidos entorno a su cabeza, sus piernas encogidas en posición fetal…


Si te fijas tiene la dulce sonrisa de Noelia, la mirada sincera y noble de Javi, la simpatía de los Herrero Bermejo, la alegría de los Fuentes de la Calle.

Si te fijas adora a su tía Patricia que le enseña cosas, a su tío Iván que le pone caras divertidas. Si te fijas le gusta jugar con su tío Raúl y se duerme siempre en brazos de su tía Raquel. Si te fijas ha aprendido dos chistes que le ha enseñado su tío Carlos y…. ¡vaya!, se ha aprendido dos más…

Si te fijas tiene el salero de su tía Gema y la amabilidad de su tío Nando. Si te fijas desprende el cariño de su tía Maite y le encanta ir a jugar al fútbol con su tío Maxi.

Si te fijas se ha sentado a escuchar a su abuelo Paco contar historias de obras, de coches, o de cuando era niño y tenía que trabajar. Si te fijas vive pegado a su abuela Mari, que le canta nanas para que se duerma, y le lee cuentos en los que siempre gana el príncipe Alejandro.

Si te fijas le encanta que su abuelo Martín le haga rabiar, si te fijas se ríe a carcajadas cuando su abuela Pili juega con él.

Si te fijas ya puedes ver todos esos detalles. Están en una borrosa foto en blanco y negro, pero sólo hay que ponerse las gafas del cariño que ya le tenemos para comprobar cómo será. Mirala detenidamente y le verás crecer, hoy lo ha hecho y mi corazón ha crecido con él.

Gracias Javi y Noelia por darme lo más hermoso que me ha pasado nunca.

Una mano

Hoy veo una mano.

Estoy deseando que esos cinco minúsculos dedos aprieten mi índice, con esa tersura rugosa y fría, pero tan suave y cálida, de los bebés. Sentir su fuerza. Ese deseo de conocer a través del tacto que muestran los recién nacidos y que la yema de mis dedos le diga, «aquí estoy, te estaba esperando» y él, o ella (aún no pierdo la esperanza), me devuelva esa sonrisa agradecida de los neonatos, respuesta onírica a placentera sensación.

Quiero dibujar su forma en mi regazo y que mi bíceps se convierta en almohada y mi palabra en canción, para ver como duerme entre mis brazos mientras yo vivo su sueño.

Quiero que llegue agosto y que como el árbol de Júpiter florezca mi ilusión.

Sigue creciendo

Ya son algo más de 8 mms, pero una inmensidad de ilusión. Sigue siendo un puntito, cada vez mas grande, pero ya es un pulso, un golpecito cadencial que estremece.

No lo he escuchado aún. Sólo Javi y Noelia han tenido la oportunidad de hacerlo, pero me lo han transmitido con tanta emoción que desde hace horas siento que mi corazón vibra a otro pulso, al compás del de ese niño o esa niña que cada día va creciendo a la par que nuestras ilusiones.

Un puntito

No me canso de mirarlo. Ahora es tan solo un puntito. Una pequeña luz blanca en un fondo gris y negro. Cualquiera al verlo podría decir que es un sol en una borrasca, o la clásica luz al fin del túnel. Pero no. Es mi sobrino o sobrina.

Es Sandra o Alejandro, dependiendo de lo que sea, y sí, es una luz, pero no al final de un túnel, sino al principio de una ilusión, y también es un sol, pero no en una borrasca sino en una suave corriente de emoción, paz y felicidad.

Ahora es tan solo un pequeño puntito en una fotografía en blanco y negro, pero ya es una pincelada de color en un lienzo en el que todos queremos dibujar, plasmar nuestra alegría.

Son los primeros 16 milímetros (creo) de un infinito de satisfacción, de un camino de esperanza, de un mundo de ilusión.

Son los primeros compases de una nana, de una canción infantil, y estas, mis primeras palabras de felicitación para los próximos padres y las primeras de calor para mi sobrino/a, para mi ahijado/a.

Felicidades, os quiero a los tres.