Soltero y sin objetivo

Encontrarme de nuevo de la mano de mi eterna compañera de viaje.
Guardar en mi hato una muda como único equipaje, la callada por respuesta, tu silencio en mi monólogo, tu ausencia en mi sombra, tu sombra en mi recuerdo.
Volver a contar los pasos que llevan a ninguna parte, tirar miguitas de pan por si quieres encontrarme, dejarlas caer al viento para que no puedas hallarme, comerme el bocadillo y que no quede ni una miga. Sentarme en el césped, y que quede otra amiga.

Invitar a soledad a una cena para uno, llevarla hasta mi cama, a un desayuno para ninguno, despertarme solo, y que solo quede humo, encontrar solo en las sábanas mi cuerpo taciturno, buscar mi turno que no ha pedido la vez, buscar la vez en que no solo fui uno, buscar mi otro y que sea yo de nuevo, buscar algo nuevo y que sea lo de siempre, buscar un siempre y que sea un jamás, no querer jamás y que ya haya pasado, no tener pasado porque siempre fue presente, no tener presente porque el futuro se adelanta, no ver el futuro porque ya no veo nada.

No saber que esto que escribo no significa nada, que el que nada no se ahoga, que llorar hoy desahoga y el que no llora no mama. Creer que me he vuelto loco porque ya no entiendo nada, ni lloro, ni mamo, pero así me desahogo.

Volver a encontrarme con soledad de mi lado, la creía desterrada pero no la había olvidado, repetir con participios, vuelven las odas al ado, como cuando era un niño, cuando estaba enamorado, cuando ya soledad pesaba en mi costado, cuando ya solo una muda cabía en este hato.

12 pensamientos en “Soltero y sin objetivo”

  1. No quiero conocer a esa soledad que hace escribir cosas tan raras, pero que a la vez dicen tanto…
    Intenta evitarla; si te llama, no la contestes; si te invita a desayunar, no acudas a la cita; y si quiere meterse en tu cama, échala, es pequeña y no hay sitio para dos

  2. Ánimo se sienta de vez en cuando a los pies de la cama, siento la presión de su cuerpo cerca de mis piernas y a veces la he invitado a dormir, aunque no me atreva a abrir los ojos y mirarla directamente a los suyos.

    Pasa conmigo largos ratos, leyéndome cuentos o contándome historias fantásticas, o a mi me lo parecen, pero en cuanto me duermo desaparece, abandona la habitación, creo que por la ventana, y me deja en brazos de Soledad, que se ha apoderado de las sábanas y hasta tiene su propia marca en la almohada.

    Un día la echaré, pero de momento no sé si la cama es suya o mía.

  3. Te regalo a soledad pero… lo de llevarme a los trastos… después de verlos en tu blog… no sé… podemos hablarlo. Un placer verte por aquí, ya me contarás como llegaste a esta humilde caverna

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