La coleccionista de versos VIII

La comida, que había transcurrido en el más absoluto de los silencios, concluyó con una «biquinha» de café de puchero. Momento de relajación que Mar aprovechó para romper la quietud de la sala interrogando a Hector sobre su vida, mientras la casera, siempre callada, recogía los últimos enseres de la mesa.
A Mar le costaba sacar las palabras a un tímido Hector, que apenas contestaba con monosílabos o escuetas respuestas con datos concisos sobre su edad, su trabajo o su vida por Extremadura.
Convencida de que la causa de la timidez de Hector se debía a las continuas interrupciones de la casera, le invitó a continuar la charla en la calle con una «ginjinha», para adaptarse, dijo, a la vida lisboeta.

Bajaron hasta la Plaza del Rossio, subieron por la Rua de Sao José e hicieron cola durante unos minutos para poder degustar este licor de guindas, rito obligatorio para la digestión en la capital lusa. Por el camino Mar fue contando cómo había llegado a Lisboa a estudiar un postgrado de historia y se había enamorado de aquella ciudad de contrastes.

Tenía tan solo 23 años, pero hablaba de aquella ciudad como si formase parte de su historia, como si hubiese vivido allí la instauración de la república el 5 de octubre, o aquel mítico 25 de abril con una flor por fusil. Sus ojos se hacían más azules cuando hablaban del barrio alto, o del mercado de la plaza de Espanha, que decía, nada tenía que envidiar a la boquería,… a su estilo.

10 pensamientos en “La coleccionista de versos VIII”

  1. Una ginja no.
    La ginja tiene efectos devastadores.
    O quizá era por eso.
    Qué guarretes nos ponemos en los relatos largos, Diso.

    (¿Te he dicho alguna vez que odio la verificación de palabra?).

  2. La verificación de palabra me sale a mí cada vez que tengo que hacer un comentario.

    En los blos hiper visitados que tienen riesgo de spam puede estar bien. Pero los nuestros no los lee tanta gente…

    Ahora he tenido que poner «qyvvbfc». Y, como me he equivocado, he tenido que escribir después «wvvoed». Se cambia en tu Panel de Blogger.

  3. ahhh, eso….

    Ahora lo quito. Lo puse porque entraron algunos motores de spam que querían recomendar desde aquí páginas… poco recomendables,… o mucho, vete tú a saber… pero que nada tenían que ver con la caverna.

  4. ¡Pero bueno!.. desconecto de la ciber-vida un tiempo y al volver me encuentro con que la caverna está más activa que nunca. Todo un lujo leerte.

    Por cierto, se baraja la posibilidad de que vayamos a Plasencia el puente. Te aviso y nos tomamos una/s copa/s. Obligatorio.

  5. vaya, por fin lo leo

    yo conozco a Nana y Héctor (a los orginales)
    y es un placer verles tb por aqui

    queda un mes para que salga ese libro en el que ellos se conocieron

    espero que no quede tanto como para poder continuar con la lectura de este coleccionista.

    el secreto de la vainilla.

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