La coleccionista de versos XIX

Volvieron a casa como dos desconocidos. Uno a 2 metros del otro. Sin hablarse. Cuándo Hector intentaba acercarse Mar aceleraba sus pasos y miraba atrás, con una sonrisa y un nuevo «aquí no».
Un oscuro tinte grisaceo cubría las calles que antes tan bellas le habían parecido a Hector. Confuso buscaba una y otra vez la mano de Mar y solo obtenía otro «aquí no».
Entraron en casa. Nana en su habitación, Hector en la suya. Desconcertado empezó a escribir:
«Quiero escribir mil palabras que te susurraría al oído. Quiero componer las notas de tu canción y la mía. Quiero acercarme a tu oído y hablarte con besos, tocar tus labios y escucharte con los míos.

Quiero que sean tus ojos quienes escriban mi vida, que sea tu respiración el aire de la mía y encontrar en tu pelo el calor que me abriga.

Quiero que sean tus senos las cavidades perfectas, del reloj de arena que calcula el resto de nuestras vidas.

Quiero ver la luna en tu ombligo, amanecer en tu sexo y en el ocaso de tus piernas nunca despertar de este sueño.»

Plegó cuidadosamente el papel y, una vez más, lo introdujo bajo su puerta.

10 pensamientos en “La coleccionista de versos XIX”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *