Pequeños

Cuando eramos pequeños no nos preocupaba perder las cosas.

Sabiamos dónde encontrarlas.

Fuera lo que fuera, buscábamos en el sofá, entre sus cojines, y allí estaba, junto a un caramelo, un sugus amarillo, un cromo de Arkonada y varias monedas de distinto valor.

Hoy fui a buscarte entre los pliegues de mi sillón. Levanté los cojines, metí la mano en sus recovecos. Pero no te encontré.

Había un caramelo en el sabor de tus besos, los que nos dimos allí. Había un abrazo envuelto de amarillo, pegajoso como un viejo sugus. Había una foto de los dos, de las que coleccionamos con ilusión, y había dos miradas, una de dos céntimos del día que me dijiste que no me querías y otra de valor incalculable, de cuando se cruzó con la mía y no pudiste decir nada.

Pero tú no estabas. Hoy, cuando perdemos las cosas, ya no están en el sillón.

4 pensamientos en “Pequeños”

  1. Entre tanta melancolía no te has percatado de que, entre los pliegues del sillón, envueltos en papel charol, también hay abrazos de todos los que están pendientes de tí (o igual debería decir estamos) y un montón de ilusiones que no necesitan ningún papel especial, sino alguien que empiece a desenvolverlas cuanto antes. Quédate con estas y compra un sillón nuevo 😉

    Bienvenido de nuevo a tu caverna, entre todos, te hemos ahuecado el mejor cojín y te hemos comprado una bolsa grande de sugus. Pero no te vuelvas a ir vale?

    un besito!

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