Para el 2008

  1. Quererme yo. Creo que no he gastado el amor, me dispensaré un poco.
  2. Eliminar obsesiones. No puedo seguir jugándome a las personas a las que quiero.
  3. Dedicar un rato diario, al menos semanal, a todas y cada una de esas personas
  4. Ir al gimnasio. Es una parte importante de aprender a quererme.
  5. Ni una gota. Necesito la ayuda de todos para esto.
  6. Que todo esto sea verdad. No son palabras bonitas, son firmes propósitos.
  7. No volver a estar despierto a estas horas porque el insomnio me trae hasta la caverna.

¿Por qué una cena?

Ayer estuvimos cenando casi todas las personas a las que quiero. Por supuesto faltaban algunos y la gran mayoría además nos juntaremos de nuevo esta misma noche, con algunos de los que faltaban ayer. Otros, estarán mañana. Curiosamente en todas estas cenas coinciden muchos. Amigos, familia, ¿qué son sino lo mismo?

Todos se preguntaron a qué venía esa cena. Tan sólo habíamos quedado a jugar, a pasar un rato y picar algo, y sin embargo quise hacer algo especial, aunque parezca que ya hemos tenido entre todos momentos suficientes para comenzar juntos este año.

Era sólo un gesto. Quería que en mi pequeño rincón de independencia, ese castillo en el que se ha convertido mi casa, en el que guardo, sueños, ilusiones y muchos recuerdos, pese a su brevedad, estuviesen las personas de las que dependo, sin las que sería incapaz de vivir, ni en este torreón ni en ninguno. Aquellas que saben estar en el momento en que las piedras que me sustentan se tambalean. Algunos llevan ahí años, otra no tantos, apenas 12 meses, pero todos se han convertido en la razón para seguir viviendo, en la ilusión para seguir soñando.

Intentaré seguir el orden lógico en que llegaron a mi vida porque me es imposible establecer un orden basado en otro tipo de criterios, y mucho menos en el cariño, pues a todos quiero por igual. Sí, a todos cuanto estuvistéis y a cuantos no estuvieron y dejaré para el final.

Javi.

Mi hermano mayor, en ocasiones, y por su timidez, el pequeño al que defender. No fue él quien llegó a mi vida sino yo a la suya. Fue siempre mi amigo. Alguna pelea, alguna que otra discusión. Pero siempre ahí. Desde pequeños historias compartidas. Dónde mejor para compartir sueños que en la misma habitación. Le cuesta dar un abrazo, un beso, una muestra de cariño, pero te mira y te lo dice todo, ¿para qué más?

Un recuerdo: el día de su boda. Una mirada fugaz que se cruza con la tuya durante la ceremonia y te dice. «Hermano, soy feliz»

Raúl

Mi confidente. Durante muchos años. Los del colegio, los del instituto… Quizás el más independediente, pero sabe aparecer en los momentos justos. Atento, cariñoso. Sabe leer tu mirada. Ve más allá de la careta de felicidad con la que quieras ocultar tus sentimientos. Pocas palabras, pero todas justas.

Un recuerdo: Por supuesto también su boda. Pero, quiero escoger otro que seguro que el recordará. Una charla en la despensa, lágrimas compartidas y un abrazo.

Iván.

Con el respeto de los demás, MI HERMANO. Sí, con mayúsculas. Genio, pero todo sentimiento. Mi mitad lógica, mi mitad reflexiva, mi mitad. O incluso tres cuartos. Es el oído que me escucha, los ojos que lloran conmigo y mi media sonrisa o carcajada. No sé si le he dicho nunca cuanto le quiero. Hoy lo sabrá. A veces dice que no me entiende, pero sé que siempre me comprende, y cuando sufro, lo hace conmigo porque él siente igual.

Un recuerdo: es dificil, son muchos momentos juntos. También su boda, aquella onírica en una playa de la Palma. Pero… creo que me quedo con una mirada de orgullo, que me dijo cuánto me quería. Cuando a mi vuelta de Mérida me presentó a sus amigos.

Patricia.

Dulzura, tranquilidad, alegría… la mitad de mi mitad. Un hombro en el que llorar. Unos ojos en los que refugiarse y un consejo siempre a mano. Fuerza, sentimiento y amor. Si tuviese una varita mágica todos seríamos felices, porque sólo ella sabe lo que cada uno necesitamos. Una hermana más que una amiga o una cuñada. Diría mi mejor amiga, pero no, va más allá. Mi mejor hermana.

Un recuerdo: Me repito. También aquella boda. Luego muchos, cuando necesito alguien que me escuche, ahí está. Pero… quizás aquella charla en las escaleras de Santo Domingo.

Mamen.

Tranquilidad, silencio, sosiego, sufrimiento premeditado… Sentimientos ocultos, mucho silencio. Confidencias a media noche, comprensión e intercambio de sentimientos. Imprescindible.

Un recuerdo: Un viaje a Jerez y verla realmente feliz.

Noelia Fuentes:

Ánimos. Sobre todo ánimos. Tan confiada en el amor como yo. Compañera de utopías y de retortijones de corazón. Empatiza con mis sentimientos y sé que si sufro lo hace conmigo, si río también.

Un recuerdo: No cabe otro. Su boda. Felicidad.

Raquel:

Alegría, vicacidad, cariño, amor, dulzura. Con la que menos tiempo tengo para hablar o compartir, pero a quien no hace falta decirle nada para que lo sepa todo. Te mira, sonríe y te calma, te contagia su felicidad. Un propósito para este año es poder hablar más con ella.

Un recuerdo: Su boda. Y una confesión en la facultad.

Noelia:

Nunca he dicho en público cuánto la quiero, lo hago ahora. En tan solo 12 meses se ha convertido en parte esencial de mi vida. Es dulzura, comprensión. Una mirada que te cautiva, que desprende sinceridad y cariño. Es… mejor que bitelchus, no hace falta decir su nombre tres veces para que aparezca y te preste su hombro. A la primera allí está. Es calor humano. Es un abrazo en el momento preciso, una sonrisa que te acuna y te contagia.

Un recuerdo: cada minuto con ella.

Faltaron:

Mis padres:

¿Qué se puede decir de unos padres? Son todo. Sé que les he hecho daño. Mucho. Pero ahí están. Callan y sufren, aunque creas que no saben nada lo saben todo y lo sienten muy adentro. Callan de nuevo para que no sepas que saben. El amor en su máxima potencia. Comprensión, perdón, sacrificio. Sólo necesitan vernos felices para serlo ellos ¿hay una mayor muestra de altruismo?

Un recuerdo: Imposible quedarse con uno. Son miles.

Mario:

Mi hermano. El quinto de los Herrero. Un loco. El único que también entiende mis locuras. Lo dice todo: «mi hermano».

Jose:

Otro hermano, el sexto. Ha sabido entender que le dejara un poco abandonado, creo. Me ayudó a crecer y creo que en breve verá el estirón y lo sabrá valorar. Le tengo que pedir perdón, pero creo que no lo necesita. Me conoce y me entiende.

Un recuerdo: Mañana

Sólo fue una cena. Me gustaría haberos dicho todo esto en persona cuándo me preguntasteis a qué venía. Pero prefería dejarlo escrito. Os quiero a todos y hoy he llorado de emoción recordando cada momento con vosotros. Podría hacer un balance, como el del año, con cada una de nuestras historias, pero sería interminable.

2007 un año raro, un año excepcional

Brindaba con mi familia. Era la mejor manera de empezar el año. Allí estaban cuantos quería y entre mis deseos para el 2007 ardían dos proyectos y un nombre.

Mientras sonaban las campanadas miraba en las uvas, de un extraño color miel, el reflejo de unos ojos que apenas días antes me habían cautivado, y, sin pensarlo escribí su nombre, el único deseo egoista de aquella noche en la que pensaba en los míos. Una buena boda para Raúl y Raquel y un pequeño para Javi y Noelia eran el resto de buenos augurios para un año que empezaba en la incertidumbre de un corazón que volvía a latir tras años de inquietante desdidia. El primero, de esos dos, se cumplió, el segundo ha vuelto arder esta nochevieja en la fuente de los deseos a espera de que este sea el año en que veamos cumplido ese sueño.

Brindis, abrazos, alguna lágrima de alegría y emoción incontenida en una fiesta de sorpresas y amores incipientes que luego florecerían. Los amigos, la familia, mirar a los ojos de quien te quiere y saber que sus deseos de felicidad no son palabras vacías sino sinceros pronósticos para un año que empieza, para una vida que continúa. Un corro, un gran abrazo de muchas personas que entonando «Un año más» de Mecano se funden en una sola emoción.

Enero continuó indolente, con su cuesta y su frío, con una cena de reyes que recuperó el sentimiento de aquel abrazo pero con nuevos protagonistas, los que faltaron en año nuevo, en persona, que no en el corazón.

Un recuerdo al margen. Una mirada. Un desayuno en Santa Ana con churros,migas y agendas.

Febrero entró con frío. Con sueños crecientes y excusas para el café. De nuevo mi gente. El molino del sol, canticos, risas y fantasmas en el ático. Una noticia. Sería candidato a las próximas elecciones de Plasencia, un sueño cumplido que compartí en primer lugar con mi familia, después e inmediatamente, con ella, y más tarde los compañeros de la prensa local y Oscar, el expresidente del consejo de la juventud de Extremadura. Un amigo al que debía en parte esa nominación.

Marzo pasó casi desapercibido, más cafés, sueños por un piso que no tocó, ni a mí ni a los míos. Ilusiones caídas y otras que se iban forjando. Viajes continuos y reuniones preparando las elecciones. Mucho trabajo y un mismo sueño.

Abril. Mes de pasión, una Semana Santa de largas charlas matutinas en el Gran Café. Un viaje a Huesca con una trenza y unas frutas de chocolate para celebrar mi cumpleaños. Un jardín de orquídeas. Una cena inacabada, el postre, para desayunar. El mar de Málaga reteniendo mis anhelos. Mil mensajes. Un corazón desbordado. Tiros y carreras para celebrar el cumpleaños, corro, me arrastro, disparo y gano, pero no es lo importante, sino participar y estar con ellos. Adrenalina. Otra vez los amigos. Siempre están ahí.

Mayo. Campanas que suenan en Villanueva. Fuegos artificiales para los Jedes. No se ven, pero se bailan. Fiesta de primavera, inicio de campaña. Elecciones, triunfo expectante, dudas, 10-10-1, no son medidas, no lo habremos hecho tan bien. Un rally de música que sale del corazón, dedicado, una visita. Un libro verde.
Junio. Las ferias. No sé nada de pacto y si lo supiera no te lo diría. Ya lo sé y es a tí a quien te lo digo primero. Decepción comedida que apacigua una cena, unas palabras reconfortantes y un día nuevo, que te devuelve la ilusión por la política. Medio ambiente, en cuatro años a por el otro medio. Noche de San Juan. La felicidad de ver casarse a otro hermano. El segundo. Ridículo en la despedida, emoción en la boda, bailes, saltos, sudor, una ausencia, hoy no importa, pero te recuerdo.
Julio. Vacaciones. O al menos descanso. Tiempo para la familia, los amigos, de nuevo, la reflexión y el espacio, el tiempo, quizás demasiado. Los incendios, manchas negras en el corazón. La impotencia. Xove en Santiago. Viaje de recuerdos de infancia. Catarsis creativa, la caverna está viva.Agosto. Música, mucha música. Por fin los dos pajarracos, en la compañía que tuvo que ser, el sol que no impidió la lluvia. Nicaragua en el corazón. Barcelona más adentro. Un brazo por encima que marca la distancia, tanta y tan poca. Sigue la catarsis. Hacer peña en Robledillo. 5 locos. Cumpleaños en Falcon Crest. Valcorchero arde y yo lloro. Fiestas del Villar, quizás el último concierto, el resto no fueron mios. Encontrar nuevos amigos.

Septiembre. Nueva andadura. Empieza la liga y la traslado a la tele. Compartir Grada 7. Vuelven los viajes. Sigue la música. Los duendes han crecido y ya no me necesitan, es más, estorbo.Octubre. Un viaje. El sol, la arena, las moscas, la felicidad. Dos ojos bañados del sol del mediterraneo que no se quieren despedir del verano. Un paseo fugaz por Málaga. No sé restar mi mitad a tu corazón. Ha sido divertido me equivocaría otra vez.Noviembre. Comienza con fuerza. De nuevo Robledillo. Un pueblo lleno de tradiciones. Coches, gentes, la mejor compañía, amigos y familia, siguen ahí. El sol de noviembre nos abraza en un paseo por las típicas calles, con los típicos coches, y las típicas gentes. La foto en la típica escalinata de la típica iglesia. Un viaje a Bilbao. Un fin de semana inolvidable. Iba a ser un día y casi no llego al partido. Nuevas estancias en mi corazón. Sobre todo una pequeñita para unos ojos tristes pero vivaces. Otro cumpleaños, este termina en la bodega. Tranquilidad.Diciembre. La ilusión puesta en regalar la amistad, en devolver la sonrisa, en ganar además nuevos amigos. Graduados en un master y engalanados para la ocasión. Cenas y comidas con la gente que quiero. Echar de menos. Cerrar el año con felicidad.