El guía del Hermitage

Estaba desnudo, en pie, frente a una pared. hablaba en alto, describía tu cuerpo, palmo a palmo, centímetro a centímetro, beso a suspiro, caricia a ausencia. Imaginaba que estabas, como antes, y podía olerte, respirarte, sentirte, tomar con tus labios la temperatura de mi cuerpo, que ardía. Me enredaba en tus ojos y me reflejaba en tu cabello, ¿ridículo? Es mi imaginación, son mis sueños, mis ilusiones, mis pensamientos, son propiedad privada, por mucho que le moleste a Stalin.

Puedo verte, tenerte, sentirte, poseerte. Pareceré loco, pero viviré en ti hasta que esta demencia me arrastre. Vemos lo que amamos. Afortunadamente mi soledad no riñó con mi imaginación.

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