Desde mi escafandra, sin mi mariposa

Hoy he terminado de ver una película entera por primera vez en mucho tiempo. No me atrevía. Me faltaba alguien a mi lado para simplemente preguntar al acabar, «¿te ha gustado?».

He tenido que verla de varias veces, pero hoy, por fin, he conseguido verla entera.

Se trata de «La escafandra y la mariposa», una película francesa conmovedora, como casi todo el cine francés, que siempre, te sacude el corazón, y unas veces de forma directa y otras de manera más sesgada consigue que te identifiques y saques alguna lección.

Hoy he visto el mundo desde mi escafandra, desde ese ojo de Polifemo que le da la vida, y a la vez se la quita, y me he dado cuenta de que me falta mi mariposa. Que ya no vuela en mi estómago… o sí, vuela pero muda, con un leve batir de alas apenas perceptible.

Afortunadamente me queda mi escafandra para ver la vida desde mi particular visión, y no quiero reescribir el conde de Montecristo. No soy dado a historias de venganza, ni creo que haya nada que vengar. Os recomiendo la película, entenderéis mejor los comentarios.

Y como ya sí suelo poner vídeos os dejo este fragmento de la película.

Cuanto más escucho este fragmento más me identifico con lo que dice.

Me hubiera gustado verla contigo mientras juego con los dedos de tus pies enfundados en sus calcetines o dibujo garabatos en tu espalda

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