La verdadera generación Nutella

Hace unos meses, con motivo de la visita a Plasencia de la pedorra de Espido Freire, escribía un artículo sobre la generación Nutella. Una generación inventada en la que quería englobar a aquellos luchadores y soñadores que con aspiraciones menos populistas se van abriendo un camino en la vida demostrando su valía, y que por ende no quieren ser englobados en ninguna generación.

Hoy, otro de mis hermanos, el quinto, sexto o séptimo, o el primero o segundo, que más da el orden, me ha demostrado que esa generación, que nació con Naranjito, se alimentó con las mal llamadas segundas marcas como Nutella, Yoplait o Dupis, y que tan criticada ha sido por sus hermanos mayores, que un día creímos que con nosotros se acabaría el mundo, ha tomado sin pensarlo el relevo que dejamos y se muestra capacitada para espolear este planeta y sacarle de su letargo pesimista del pensamiento anacrónico de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Poco a poco voy cambiando mi tono paternalista por un elogio, no exento de envidia, y un enardecido orgullo por todos esos hermanos menores a los que he visto crecer, en la mayoría de los casos demostrándome, aunque nunca dudé de sus capacidades, que incluso en mi optimismo mis expectativas se quedaban cortas.

Hoy me muestro, más que nunca, orgulloso de todos ellos al sumarse a esa generación el penúltimo de mis hermanos, otros vendrán detrás seguramente para sucederle.

Hoy es Mario a quien debo felicitar y estrechar, aún en la distancia, en los brazos de mi más sincera enhorabuena, por haber dado un paso más en la que seguro será una envidiable carrera empresarial.

Enhorabuena Mario, bienvenido a la generación Nutella.

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