Destruyendo

Con mis palabras construí tu silencio,
con mis miradas tu ceguera,
con mis lamentos tu indiferencia,
con mi presencia tu ausencia.

Con mi amor construí tu odio,
con mis manos tu muro,
con mi sonrisa tu llanto,
con mis llantos tu pañuelo.

Contigo me destruí.

Cuántas veces

Cuántas veces tendré que hacer esta cama
para que pierda tus formas

Cuántas veces tendré que beber de este vaso
para que se borren tus labios

Cuántas veces tendré que mirar el reloj
para dejar de esperarte

Cuántas veces tendré que limpiar esta habitación
para que no huela a muerto

Cuántas lenguas tendré que besar
para perder tu sabor

Cuantas putas tendré que follarme
para olvidar tu sudor.

Neruda se me adelantó

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Silencio

Me gusta el olor de la ginebra.
Pero no su amargo sabor, ni sus efectos.

Me gusta el aroma de un cigarro,
pero no su amargo sabor, ni sus efectos.

Me gusta el silencio de tus besos,
pero no su amargo sabor, ni sus efectos.