El peregrino mundo sigue girando

Lo ha vuelto a conseguir. Lo hizo con la «Trilogía de Nueva York» y repitió con «Brooklyn follies». Pensé que con «viajes por el escriptorium» había perdido la magia, la capacidad para angustiarme, para abstraerme de la realidad, para introducirme en la sensibilidad de un fracasado o, quizás, de un demente. Pensé que no volvería a identificarme con uno de sus personajes, a vivir con desesperación la vida de otro, a compartir sus miedos, sus temores, sus noches de insomnio.

Pero lo ha hecho. De nuevo, ahora con «Un hombre en la oscuridad», Paul Auster ha conseguido sacar de dentro mis complejos, mis más recientes obsesiones, mis psicosis y afecciones paranoides.

De nuevo he respirado al ritmo de cada uno de sus personajes, August, Katya o Miriam, he querido inventar historias en mis desvelos para evadir mi realidad, ver películas para evitarla o escribir un libro para abandonarla sobre sus páginas.

Ha vuelto Auster y yo me quedo con una frase, «El peregrino mundo sigue girando»….

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