Sin vergüenza

Hace unos años, 8 ya, nada menos, los amigos modelistas placentinos me invitaron a convertirme en su maestro de ceremonias, entregando los premios de su certamen anual. Desde entonces cada puente de octubre se caracteriza por este evento que me ha servido para concer personas excepcionales y me ha ayudado a demás a pasar ratos estupendos en su compañía.

En cada edición hemos buscado la sonrisa de los asistentes, de todas partes de España y en algunas ocasiones incluso de América del Sur, con distintas representaciones.

Hemos sido pistoleros, indios, militares, romanos o galos. He dado los premios en albornoz, vestido de hawaiana o con un traje de pinzas (literalmente hablando) y este año le ha tocado el turno al un, dos, tres. En la noche de ayer quisimos rememorar el clásico programa en un pequeño y humilde homenaje a la televisión que nos vio crecer. Y este fue el resultado:

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