De par en par

No he esperado ni siquiera a que llames.
No ha sido necesario que enrojezcas, ni desolles, tus nudillos contra la fría piedra de esta losa.
No he esperado a que llegases, ni he ojeado por la mirilla si eras tú.
Sólo he necesitado escuchar tu suave caminar.
Sólo he tenido que oir tus pasos entre la hojarasca que el otoño ha amontonado en mi zaguán.
Sólo he percibido el aroma a fruta fresca, recién cortada, que emanas.
Sólo me ha hecho falta saber que estabas ahí.
Y he abierto.
No ya las puertas de esta cueva fría y lúgubre,
sino mis manos para sentirte,
sino mis ojos para perderme
en ti.

7 pensamientos en “De par en par”

  1. El primer día que entro en tu caverna y me la encuentro cerrada, no descansa ni en vacaciones y ahora estaba cerrada por incomprensión….Me alegra que ya estén abiertas las puertas, y más aún con esa luz.

  2. Es que hay puertas, querido Juan Carlos, que se abren solas, por su propio peso, porque hay bisagras que por más que de vez en cuando chirríen, en el fondo están muy bien lubricadas. Alquien dijo alguna vez que una habitación donde hay una puerta denota que hay algo dentro que merece ser guardado. Quizá sea cierto, pero que una cosa esté guardada no impide que la puerta esté abierta de par en par para que todo el que pase por delante pueda contemplar lo que haya en la habitación y, si es invitado, incluso pasar a mirarlo de cerca. Y después de este despliegue de medios metafóricos y figurativos torticeros, no me queda nada más que añadir: ¡¡¡QUÉ VIVA EL TRES EN UNO!!! (Es que a veces el corazón se cura a base de medicinas muy extrañas…) Un abrazo.

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