El día de todos los santos

Se ha convertido ya en una tradición. Quizás la edad, el cambio de mentalidad o el de intereses y expectativas, o simplemente las condiciones meteorológicas adversas vividas durante varios años, nos hicieron cambiar de costumbre y abandonar el tradicional rito de campo y castañas por esta forma de turismo rural que practicamos ahora. Yo me perdí alguno, como el famoso de Cuacos, por motivos laborales, pero he podido disfrutar del resto, que han convertido esta costumbre en un rito típico, tradicional o costumbrista según el término lingüstico adoptado en el momento y por consenso.
El año pasado tocó Robledillo de Gata, con sus típicas cuestas, su típico olor a chimeneas, su típica iglesia con sus típicas escaleras y su típico coche blanco aparcado en una de sus típicas calles.

Este año el destino era un tanto incierto. El eje focalizador del viaje era el restaurante «O javalí» de Monfortinho, y sus termas. Pero la decepción fue mayúscula ante un balneario de aire modernista y dificilmente visitable y un restaurante, que si bien cumplió justamente, no se acomoda al término de recomendable, ni avala una hora de viaje. (Si bien la compañía ya era aval suficiente para justificar cualquier itinerario y tiempo dedicado)


¿Dónde íbamos esta vez? Esa parecía la gran duda

Pero la sorpresa vendría después. El ascenso a Monsanto nos recordo a todos la subida a Valdastillas, con ese encanto tradicional de las cuestas sinuosas (sin un oso para Iván) y ese continuo descubrir de detalles que destacar y recordar.

Unas piedras en forma de orondo trasero que a todos nos inquietaron, un incómodo adoquinado, inapropiado para los calzados taconados de nuestras acompañantes, pero que te trasladaban a rutas de peregrinos medievales, o un altivo mirador con vistas al cementario, como nota nigromante de un excelente paisaje, de naranjos a punto de reventar, higueras de olor a breva, o de pinceladas verdes sobre castaño de un autor impresionista.

Esta es la portada de nuestro próximo disco de folklore. Falta Javi pero es que alguien tenía que hacer la foto

El silencio de sus calles, el olor a leña recién prendida, el frío grisaceo de sus viviendas, con verdes brotes de humedad del musgo, (que le inferían ese caracter anacrónico del tiempo detenido en el espacio), y el leve susurrar galaico de algún oriundo, (intentandonos descubrir los secretos más ocultos de un cofre plagado de tesoros,) nos fueron envolviendo en la magia ancestral del medievo, y de aquellas casas horadas en la roca, que sirvieron de reposo a los caballeros templarios y a decenas de generaciones por las que el tiempo parece no pasar, detenido en el encanto de la humildad y el arraigo, a un terruño sin futuro, pero con un eterno presente.


Esta es nuestra peña para las fiestas, y nunca mejor dicho lo de «peña»

Quise sentir el frío de sus piedras pero a cambio, sentí el calor de mi gente, absorbidos todos por aquella magia de una tierra sin tiempo, para un cariño sin límites.

Aún así, perdonadme y lo hago en pequeñito para no molestar, eché en falta a alguien

6 pensamientos en “El día de todos los santos”

  1. Un día (de 48 horas) genial. Gracias a todos.
    Pido permiso a Iván para usar su frase: ¡Que alguien me quite estas chinchetas de la cara!
    Seguro que alguien lo hace, pero que tarde…

  2. Que bonito!!, que alegría poder pasear por este mundo junto a todos vosotros, y encima ya tenems portada para el próximo disco, cuando le grabamos?

    Me gusta el comenzar del frío invierno junto a amigos que hacen mas cálidas las tardes de todos los Santos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *