Víctor

No puedo asegurar que lo considerara un amigo, con todas las inflexiones que esa palabra aporta, pero si era un conocido al que me unía cierta empatía y simpatía. Hoy me ha despertado la noticia de su muerte.

Un temblor ha sacudido mi cuerpo cuando me lo ha comunicado Toñi por teléfono. No podía dar crédito a lo que me contaba, o quizás sí. Lo habiamos hablado mil veces. En innumerables ocasiones le había pedido que tuviera más cuidado en la moto, que se podía disfrutar de ella sin hacer el loco e incluso habíamos bromeado con los percances que había sufrido y cómo había salido ileso de todos.

Esta vez ya no cabrán bromas, ni consejos, ni recomendaciones. Un desafortunado accidente ha segado definitivamente sus ilusiones, su vitalidad y sus continuos comentarios jocosos que nos alegraban cada mañana, cuando con una sonrisa de satisfacción se adelantaba a sus compañeros para servirnos 3 cafés con leche en vaso de caña y un colacao, un aperitivo de revuelto, dos de migas y uno de tortilla.

Nunca sabes cuándo ni cómo ciertas personas entran en tu vida y cómo la cotidianeidad diaria les van convirtiendo en parte esencial de la misma sin darte cuenta. Hoy he visto el gesto de dolor en sus compañeros, David, Rufo, Carlos y Antonio, que eran los que trabajaban esta mañana, y ese gesto se ha convertido en algo premonitorio, en la expresión sincera del enorme vacío que quedará en nuestras mañanas la ausencia de Victor, el silencio de sus piropos aprehendidos de David y que con discrección regalaba a sus clientas, cuatro vasos vacíos cada mañana que no podrá rellenar de nuevo con prestancia y un chascarrillo.

Te echaremos de menos.

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