Historias de la radio I

Hoy, en una charla distendida de varias horas con un nuevo amigo, Mario, que presiento que se convertirá en uno más de ese gran grupo de personas indispensables que cada día crece a mi alrededor, he recordado alguno de aquellos momentos mágicos que las ondas me han deparado.

En próximas entradas de esta caverna iré desgranando algunas de aquellas aventuras radiofónicas, que ahora forman parte de mi anecdotario personal, y que me gustaría compartir con todos vosotros ya sea por su caracter divertido, entrañable o, por qué no, triste, que también los hubo.

Una de las principales, quizás la más llamativa por su repercusión, fue la historia del romano vivo…

Un romano vivo en la plaza de Mérida

Transcurría el verano del 97. Las tardes radiofónicas de Mérida las habíamos ocupado al asalto un grupo de jóvenes con demasiado tiempo libre, mucha imaginación y más ganas de divertirse y divertir a la audiencia. La presencia de Rufo, Amador, Tomy y este que escribe, se había transformado en una constante en los transistores de radio de la ciudad, gracias a las manidas fórmulas de la radio dedicada, la música de actualidad y el caracter informal de sus presentadores, liderado por Carla Gruart que a sus 9 años se había convertido en la revelación de la radio nacional.

Aquel curso se incorporaron a la emisora un grupo de estudiantes del instituto Albarregas, que poco a poco fueron abriéndose un hueco en la información local gracias a un desenfadado semanal llamado «Top Noticias», que complementaba el programa musical «Top 50» presentado por Tomy y Corcu (También explicaré algún día de dónde me viene este sobrenombre).

En aquel programa destacaba un joven, Paco Vadillo, que a sus 16 años, aproximadamente, encontró en la radio su futura vocación. Hoy es director del programa «La mañana» de Cope Mérida.

Acababa de finalizar el curso y la radio se convirtió en lugar de reunión y recreo de aquel grupo entusiasta, que dedicaba sus tardes a reunir contenidos para la media hora de programación semanal de que disfrutaban los viernes.

Aquel mismo verano habían comenzado las obras de restauración de la plaza de Mérida. Tras varias semanas levantada surgió la idea. Decidimos inventar que en las excavaciones había aparecido el cuerpo de un romano, que gracias a unos gases contenidos en el subsuelo, se había mantenido intacto 2000 años y había despertado de su largo letargo tras dos milenios de siesta.

Supusimos que nadie se creería aquella historia. Sin embargo, y gracias a la colaboración de los compañeros del diario Hoy, la hicimos posible. Maquetamos la noticia en la que, tras una explicación científica sobre cómo se habían mantenido intactas las constantes vitales explicábamos que había surgido la polémica, entre el museo etnográfico de Roma, y el de arte romano de Mérida, sobre dónde debía permanecer el personaje en cuestión.

La noticia era completamente inverosimil y contaba con perlas del estilo de que el romano haría el saque de honor en el primer partido de liga del Mérida, o que de quedarse en la ciudad tendría derecho a una hora diaria de asueto para tomarse el bocadillo.

Pese a nuestra incredulidad inicial sobre la repercusión de la noticia Paco Vadillo y sus compañeros se fueron, grabadora en mano y una copia de la noticia a interrogar a los viandantes. La pregunta era sencilla «¿piensa usted que el romano debe quedarse en Mérida o por el contrario debemos enviarlo a Roma?

La respuesta fue abrumadora. Más de media hora de contestaciones con un rotundo «Si se ha encontrado aquí, que se quede»

No dábamos crédito a lo que teníamos allí grabado. Todos y cada uno de los interrogados se había creído la noticia y exigía que «Plazus», como denominamos al personaje, se quedase en la ciudad.

Tras observar la reacción de la gente decidimos dar una vuelta de tuerca más a la broma, y en vez de desvelar la farsa en el programa y poner las declaraciones para chanza de los oyentes, como estaba previsto, expusimos la información como real e incluso, durante varios días, mantuvimos charlas periódicas con el ficticio equipo médico encargado de su estudio en el hospital 12 de octubre.

La broma era ya insostenible y las barbaridades de aquellos informes cada vez más desternillantes. Sin embargo los teléfonos de la emisora no paraban de sonar con llamadas interesándose por el estado del romano en cuestión. Una de las llamadas más extravagantes, y la que ya nos hizo desvelar la realidad, vino del servicio de ambulancias «el madrileño», que mostraba su enfado por no haber sido avisados para realizar el transporte de Plazus desde Mérida hasta Madrid, como era preceptivo. Durante varios minutos les explicamos que el transporte lo había realizado un servicio militar especializado, pero al fin, tuvimos que descubrir la farsa para evitar que aquella bola siguiese creciendo.

La noticia causó tal impacto que incluso un equipo de Antena 3 la sirvió una de aquellas noches para el informativo de Carrascal. Posiblemente aquel día los emeritenses ofrecieron una pobre imagen de incultura al resto del país, pero eso sí, quedaba patente que defenderían a capa y espada sus propiedades, por muy romanas que fueran.

Un pensamiento en “Historias de la radio I”

  1. A pesar de mi corta edad aún queda un rinconcito en mi memoria que recuerda esta historia, =) Carla Gruart.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *