Las doce y media

Dame tu piel.
Mezcla cada gota de sudor con el mío,
para volver salados nuestros besos
al recorrer los cuerpos.

Anuda el reloj de tu vida
a mi cadera, hasta que marque
en mi espalda las doce y media.

Abrazame hasta atravesar
mi corazón con un seno.
Y bésame salvaje,
con tu mirada clavada en mi almohada.

Arrópame con tu lengua,
mientras el calor que desprende
mi vida desemboca,
impetuoso,
en un estremecimiento
de tu felicidad.

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