La playa

Le gustaba pasear por la playa, sentir cada mañana la suave caricia de la arena y el frescor del agua que caía suave, enterrándo sus pies ligeramente. Salía temprano, e iba observando como detrás de si dejaba un rastro de pisadas que se perdían en el horizonte. Siempre el mismo camino que trazaba un día tras otro, resignado a ver como lo borraban las olas, a tenerlo que a recorrer cada mañana. Sabía que no duraría más de unas horas, que la marea lo cubriría de nuevo, hasta el siguiente amanecer.

Aquella mañana el mar estaba embravecido. Furioso chocaba contra las piedras en un sonoro chasquido que rompía el habitual ulular de las olas. Las gaviotas volaban nerviosas. Clavó sus pies en la arena intentado dejar su huella, pero rápidamente el mar las cubría de piedras, algas y restos de conchas. Loco, desesperado, corrió de un lado a otro, intentado que sus huellas fuesen más rápidas que el violento mar, pero apenas había andado dos pasos cuando de nuevo sus pisadas se habían desvanecido. Luchó, sudó y fatigado cayó al suelo mezclando el salobre de su llanto con el sabor del mar.

La marea lo arrastró hacia el interior y desapareció.

Hoy no quedan sus huellas, ni han vuelto a dibujarse en la arena. Tampoco nadie quiso nunca seguir sus pasos.

4 pensamientos en “La playa”

  1. El agua en el mar, el aire en la tierra borra nuestras huellas ¿no será mejor así? ¿ por qué nos empeñamos en marcar camino?

  2. hola buenos dias, primero quiero invitarte a que visites mi blog, y despues he visto que has participado en el juego de llaves, yo voy a participar y bueno que tal fue, es dificil alli en el plato porque desde casa es facil jeje, un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *