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4 días… Te lo voy a decir a tu estilo

Apolo 11 es el nombre de la misión espacial que los Estados Unidos enviaron al espacio el 16 de julio de 1969; fue la primera misión tripulada en llegar a la superficie de la Luna. El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V, desde la plataforma LC 39A; y lanzado a las 9:32 hora local del complejo de Cabo Kennedy, en Florida (Estados Unidos). Oficialmente se conoció a la misión como AS-506.


La tripulación del Apolo 11 estaba compuesta por el comandante Neil A. Armstrong, de 38 años y comandante de la misión; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando.

La denominación de las naves, privilegio del comandante, fue Eagle para el módulo lunar y Columbia para el módulo de mando.

El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de nuestro satélite el 20 de julio de 1969 al Sur de Mar de la Tranquilidad, (Mare Tranquilitatis). Este hito histórico se retransmitió a todo el planeta desde las instalaciones del Observatorio Parkes (Australia). Inicialmente el paseo lunar iba a ser retransmitido a partir de la señal que llegase a la estación de seguimiento de Goldstone (California, Estados Unidos), perteneciente a la Red del Espacio Profundo, pero ante la mala recepción de la señal se optó por utilizar la señal de la estación Honeysuckle Creek, cercana a Canberra (Australia)[1] . Ésta retransmitió los primeros minutos del paseo lunar, tras los cuales la señal del observatorio Parkes fue utilizada de nuevo durante el resto del paseo lunar[2] . Las instalaciones del MDSCC en Robledo de Chavela (Madrid, España) también pertenecientes a la Red del Espacio Profundo, sirvieron de apoyo durante todo el viaje de ida y vuelta.

Fueron sólo 4 días de viaje. Suficientes para cambiar la historia de la humanidad. En 4 días una vida puede cambiar. Podemos llegar a tocar el cielo, e incluso la luna. Y todos, todos, estaremos esperando esa señal.

¡Ah! Y la madre de Amstrong, cuando se enteró del viaje le dijo que dónde iba tan lejos con el cohete… ‘pa 4 días….’

He de confesar

Todavía no. Faltan apenas 4 horas. Cuando pasen estos 240 minutos hará un mes que lo maté. He contado minuto a minuto el tiempo que ha pasado. Casi por segundos. No porque lo eche de menos, ni porque me arrepienta. Cuando decidí acabar con él estaba arruinando mi vida y era él o yo.

Vivía escondido. Creo que nadie le ha echado en falta, aunque muchos han preguntado por él. Es curioso. Parece incoherente pero es así. La gran mayoría se alegra de que desapareciera, aunque no se creen aún que haya muerto. Para todos volverá tarde o temprano, solo yo sé que no. Gracias a eso sigo libre.
Era un cáncer para cuantos le rodeaban. Por eso lo maté. Prefiero pensar que se suicidó. Que aquella noche fatídica fue él quien saltó por la ventana. Pero no, recuerdo como lo empujé. Como en un golpe de rabia, tras un forcejeo, mis manos se abalanzaron sobre su pecho y cayó. Era un tercero. Pudimos caer cualquiera de los dos, incluso ambos, pero no, afortunadamente cayó él.


Ni siquiera sé si cuando lo enterré estaba vivo aún. No me dio tiempo a comprobarlo. Lo recogí inmediatamente y tras un seto frente a casa lo enterré. Supongo que no muy bien, al día siguiente los perros husmeaban la zona, e incluso a alguno se le vio jugueteando con un zapato. No sabía que iba vestido.
Traté de culparle de todo. Era mi oportunidad. No volvería a aparecer para defenderse. Fui un cobarde y en lugar de entregarme oculté las pistas, me vestí con mi cara más inocente y pedí perdón en su nombre.
Él también debió golpearme. Poco recuerdo de la noche que pasamos juntos. Sólo cuando lo maté. Había sido su peor noche. Era obstinado, obsesivo y caprichoso, pero aquella noche se excedió. Nunca le había visto usar la violencia hasta entonces. Ni yo mismo le reconocía.
Llevábamos mucho tiempo juntos, casi desde niñez, y aunque en la gran mayoría de las ocasiones me avergonzaba de él e intentaba ocultarlo había otras muchas en las que me pavoneaba a su lado.
Últimamente empezamos a salir por separado. Cuándo el salía, siempre más trasnochador, yo me recogía. No me gustaba que me vieran con él. Aunque irremediablemente luego siempre nos relacionaran. También por eso lo maté.

Desde entonces me ha parecido verlo mil veces. No sé. A veces pienso si no estaré equivocado y aquella noche fui yo quien cayó por la ventana. Espero que no.

Cerrado por fracaso

Cuando un medio cierra, no fracasa el medio, es un fracaso de la sociedad.
Los medios de comunicación son ventanas que se abren al exterior para permitirnos ver la realidad de un mundo que, a veces, se empeña en interponer cortinas y persianas ante nuestros ojos.
Si se ven obligados a cerrar, se apaga la voz que narra nuestra vida, se ciega el ojo por el que nos muestra la realidad, o se cercena la mano que escribe nuestra historia.
A lo largo del tiempo hemos visto la desaparición de cientos, de miles de medios de comunicación, ya fuera por motivos políticos, económicos o personales. Tanto unos como otros son igual de tristes y suponen un mismo fracaso para la sociedad.
Quizás el más indignante sea el motivo político, propio en principio tan solo de regímenes dictatoriales, pero encubierto, a veces, de forma sibilina en esto que llamamos democracia. En tiempos totalitarios es una ejecución rápida, un disparo certero y a bocajarro, sin contemplaciones ni explicaciones. En tiempos pseudodemocráticos es una muerte lenta, por asfixia, una eutanasia pasiva, casi imperceptible. Se retiran los apoyos, se les da la espalda y se les va dejando morir lentamente, de forma agónica, hasta que desaparecen. Nadie habrá pulsado el gatillo ejecutor, no habrá maderas que cierren la ventana, pero un día, de repente, miras a través y sólo se ve vacío. Vacío y pena.
Los problemas económicos suponen dos fallos. Uno en la gestión comercial del medio, que posiblemente no haya sabido venderse, y otro en el propio sector industrial, que no ha sabido ver la oportunidad que representa un escaparate al mundo de estas características.
Vivimos en la sociedad de la información y la publicidad, pero aún nos queda mucho por aprender para mostrar nuestro producto, para vender nuestro negocio. Vemos la publicidad como un compromiso que cubrir, como una compensación personal con quien nos la ofrece, sin preocuparnos de baremar sus posibilidades. Se destina una partida determinada a publicidad y se reparte entre los adeudos personales, sin comprobar su efectividad real o si llega al público al que la queremos dirigir. Llegamos a casa y vemos nuestro programa preferido, patrocinado quizás por una casa de la competencia, mientras nuestra publicidad se pierde en una revista que descansa sobre una mesa llena de polvo.
El motivo personal es el más triste. Cuando un profesional con vocación se cansa de informar es porque todo ha fallado.
No sé por cuál de estos motivos, quizás por un poco de todos, pero mañana, en un baúl, se guardarán las ilusiones, los sueños y las sonrisas de varias de las personas que durante meses nos han acompañado en Canal 7.
Se apagarán las luces y tras la puerta que se cierra quedarán los ecos de la verdad, la información objetiva, y la pasión por la información que les ha movido durante este tiempo.
Se correrán sus cortinas, se bajará el telón y sólo quedará una pequeña mirilla con vistas a la esperanza, en una fría pared de ventanas tapiadas por las que antes nos asomábamos a ver el sol.
Irán desapareciendo las personas que se han convertido en indispensables en nuestras vidas, que cada día nos contaban lo que sucedía a nuestro alrededor, que se habían colado en nuestros hogares convirtiéndose en uno más de la familia.
Nos faltarán los informativos, esa voz tenue y esa mirada de sinceridad con la que Noelia nos dibujaba cada día la realidad más cercana.
Nos faltará la alegría y desparpajo de Lupe a bordo de su 7×7.
Nos faltará, quizás, esta mesa para dos en la que tantas veces nos hemos sentado junto a Juan Luis.
Nos faltará el trabajo encomiable de Laura al otro lado de las cámaras, el ojo siempre preciso de Sara, el apoyo incondicional de Javi, la labor sorda de Isa, la hormiguita de la cadena, y los ladrillos puestos a lo largo de este tiempo por cuantos han pasado por aquí.
Nos faltarán sus ilusiones. Sus ganas de despertarse cada día por ofrecernos su trabajo. Por abrirnos los ojos a una realidad que hoy se hace más triste que nunca.
Hoy la noticia es que a partir de ahora no habrá noticias. Y ese es el triste fracaso de una sociedad.

La foto

Una fotografía empieza a ser pasado en el mismo momento en que se dispara. Quizás antes de la fotografía digital tuviera dos momentos de presente, uno en el que se disparaba y otro en el que la recibíamos revelada. Pero este segundo no dejaba de ser un falso presente que simplemente nos llevaba al recuerdo del momento en que se echó. La sorpresa del volver a vivirlo, como cada vez que la miremos con nostalgia.
Luego la foto pasa a ser una forma de revivir aquel instante pasado. De repente nos encontramos en ella a 10 personas que puede que vuelvan a verse, que puede incluso que coincidan juntos en más circunstancias, pero nunca como aquel momento preciso.
Cambian las cosas, el tiempo pasa y la vida traza caminos que no sabemos dónde nos llevarán. Pero siempre quedará una fotografía para saber de dónde venimos, quiénes fuimos y por qué un día sonréimos juntos esperando ser retratados.
Puede que tú llevaras una camiseta marrón con tirantes, y estuvieras tan guapa como siempre, y yo una azul. Que detrás de tí sonriera un casi adolescente Aso, y Mabel pronunciara con grandes gestos la palabra patata, mientras agarraba la mano de Maria Angeles, esperando que nunca la suelte, aunque el destino la mandase aquel día a Cáceres y luego volviese y se repitiese la historia, que es así de caprichosa.
Puede que la mirada de Jose encierre la tristeza de saber lo que significaba esa foto y que Eduardo sonriese recordando, quien sabe, otras similares. Y puede que Pilar posase, tan divina como siempre, con el brazo de Mónica sobre sus hombros.
Puede que esa foto no pueda repetirse de nuevo. Que las circunstancias nos impidan volver a quedar todos juntos para un café y una foto. Pero en los caminos que el destino nos trace nunca, nunca, será la última. Ya seamos diez, cinco o dos, siempre habrá un momento para volver a vernos, recordar aquel día y contarnos que la vida hizo justicia y trazó el camino que merecíamos.
Ahora no llores. Quedan muchas fotos y el álbum de tu vida estará lleno de grandes recuerdos como ese.

Puzzle

¿Alguna vez habéis intentado hacer un puzzle? Hay piezas que parecen encajar en un lugar determinado y sin embargo, tras muchos intentos, compruebas que no es ese su sitio sino otro. Por su color, su troquelado y por orgullo, te empeñas en meter la pieza en un lugar equivocado.

Primero presionas ligeramente con el dedo y aunque ves que no encaja bien sigues haciendo el resto pensando que es un pequeño fallo de fábrica. Cuando el puzzle va rellenándose alrededor te das cuenta de que la pieza no concuerda con las demás. Aún así sigues intentándolo. Primero con suavidad al final a puños contra el tablero.

Te obsesionas con esa pieza. Tiene que ir ahí, no hay otro lugar. Es del mismo color, es de la misma textura, los bordes son muy parecidos… pero no entra. En tu empeño desordenas las otras piezas y dañas la que estás colocando. Se levanta el esmalte y aparece un cartón laminado, como decenas de pequeñas piezas que se niegan a entrar en el lugar que le has asignado.

Al final desistes. Sacas la pieza, intentas recomponerla y, en una mirada rápida encuentras su verdadero hueco. Está maltrecha y apenas encaja en su ubicación real. Tienes que pasarle el dedo por encima en varias ocasiones hasta que la pintura vuelve a su sitio y todas esas láminas vuelven a unirse. En ocasiones necesita varias pasadas de fijador y en otras es imposible recuperarla y cuando terminas el puzzle queda como una pequeña mancha.


Hasta hoy me he empeñado en meter en el puzzle de mi corazón una pieza en el lugar equivocado. Por color y troquelado parecía entrar en la zona dónde dibujo el amor. Tras presionarla y dañarla he visto que no era su lugar y lo he encontrado al lado, dónde dibujo la amistad verdadera. Espero que a base de caricias y fijador encaje perfectamente.

El perro del poblado

Cuando vivía en Mérida frecuentaba la casa de un amigo que vivía en el poblado del butano. Creo que es así como se le conocía. Allí había un perro de uno de los vecinos que cada mañana se acercaba a jugar conmigo. Nada más entrar mi coche por la cancela del poblado el perro comenzaba a ladrar jubilósamente y a mover el rabo con brío. Hasta llegué a temer que un día se le desencajara. Mientras estaba en la zona el perro no se movía de mi lado. Durante horas pasaba mi mano sobre su cabeza y él, ensimismado, me miraba como si entendiera lo que decía. Pásabamos largos ratos juntos, y mientras yo estuviese allí no había otra persona para aquel perro, ni para mí otro perro en todo el poblado.

Un día fui a jugar allí con unos amigos. Habíamos comprado unas pistolas de esas de bolas de plástico y la zona era idónea. Una casa en ruinas nos haría las veces de escenario para nuestros juegos. En cuanto llegué el perro se unió a mi bando, y pegado a mí me seguía por toda la casa. En un lance del juego, desatado, fuera de mí, arrastrado por la pasión y la adrenalina de la ficticia batalla, salté desde una ventana, me giré y disparé con un solemne «Toma cabrón!» buscando en mi objetivo al único rival que quedaba del bando contrario, mi amigo Jose María. Pero aquel perro se cruzó en la trayectoria de mi proyectil. Creo que no le dolió tanto el disparo de aquella insignificante bola de plástico como el grito apocalíptico y la mirada de odio que por segundos le dirigí.

Aunque rápidamente le acaricié e intenté disculparme como sólo se puede hacer con un perro, desde entonces dejó de mover su rabo cuando llegaba al poblado. Con él entre las piernas y una mirada triste se acercaba a mí, me olisqueaba y, a veces, se sentaba a mi lado, sumiso, pero con una oreja siempre levantada y un ojo mirando mis manos. No fuera a sacar de nuevo la pistola. No volvió a jugar conmigo como antes.

Fue algo inofensivo y reflejo. Pero perdí su confianza. Hoy me arrepiento, pero de nada vale, nunca recuperaré la sinceridad de aquellos saltos de júbilo.

La confianza tarda meses en ganarse pero se pierde en un sólo día.

Para el 2008

  1. Quererme yo. Creo que no he gastado el amor, me dispensaré un poco.
  2. Eliminar obsesiones. No puedo seguir jugándome a las personas a las que quiero.
  3. Dedicar un rato diario, al menos semanal, a todas y cada una de esas personas
  4. Ir al gimnasio. Es una parte importante de aprender a quererme.
  5. Ni una gota. Necesito la ayuda de todos para esto.
  6. Que todo esto sea verdad. No son palabras bonitas, son firmes propósitos.
  7. No volver a estar despierto a estas horas porque el insomnio me trae hasta la caverna.

¿Por qué una cena?

Ayer estuvimos cenando casi todas las personas a las que quiero. Por supuesto faltaban algunos y la gran mayoría además nos juntaremos de nuevo esta misma noche, con algunos de los que faltaban ayer. Otros, estarán mañana. Curiosamente en todas estas cenas coinciden muchos. Amigos, familia, ¿qué son sino lo mismo?

Todos se preguntaron a qué venía esa cena. Tan sólo habíamos quedado a jugar, a pasar un rato y picar algo, y sin embargo quise hacer algo especial, aunque parezca que ya hemos tenido entre todos momentos suficientes para comenzar juntos este año.

Era sólo un gesto. Quería que en mi pequeño rincón de independencia, ese castillo en el que se ha convertido mi casa, en el que guardo, sueños, ilusiones y muchos recuerdos, pese a su brevedad, estuviesen las personas de las que dependo, sin las que sería incapaz de vivir, ni en este torreón ni en ninguno. Aquellas que saben estar en el momento en que las piedras que me sustentan se tambalean. Algunos llevan ahí años, otra no tantos, apenas 12 meses, pero todos se han convertido en la razón para seguir viviendo, en la ilusión para seguir soñando.

Intentaré seguir el orden lógico en que llegaron a mi vida porque me es imposible establecer un orden basado en otro tipo de criterios, y mucho menos en el cariño, pues a todos quiero por igual. Sí, a todos cuanto estuvistéis y a cuantos no estuvieron y dejaré para el final.

Javi.

Mi hermano mayor, en ocasiones, y por su timidez, el pequeño al que defender. No fue él quien llegó a mi vida sino yo a la suya. Fue siempre mi amigo. Alguna pelea, alguna que otra discusión. Pero siempre ahí. Desde pequeños historias compartidas. Dónde mejor para compartir sueños que en la misma habitación. Le cuesta dar un abrazo, un beso, una muestra de cariño, pero te mira y te lo dice todo, ¿para qué más?

Un recuerdo: el día de su boda. Una mirada fugaz que se cruza con la tuya durante la ceremonia y te dice. «Hermano, soy feliz»

Raúl

Mi confidente. Durante muchos años. Los del colegio, los del instituto… Quizás el más independediente, pero sabe aparecer en los momentos justos. Atento, cariñoso. Sabe leer tu mirada. Ve más allá de la careta de felicidad con la que quieras ocultar tus sentimientos. Pocas palabras, pero todas justas.

Un recuerdo: Por supuesto también su boda. Pero, quiero escoger otro que seguro que el recordará. Una charla en la despensa, lágrimas compartidas y un abrazo.

Iván.

Con el respeto de los demás, MI HERMANO. Sí, con mayúsculas. Genio, pero todo sentimiento. Mi mitad lógica, mi mitad reflexiva, mi mitad. O incluso tres cuartos. Es el oído que me escucha, los ojos que lloran conmigo y mi media sonrisa o carcajada. No sé si le he dicho nunca cuanto le quiero. Hoy lo sabrá. A veces dice que no me entiende, pero sé que siempre me comprende, y cuando sufro, lo hace conmigo porque él siente igual.

Un recuerdo: es dificil, son muchos momentos juntos. También su boda, aquella onírica en una playa de la Palma. Pero… creo que me quedo con una mirada de orgullo, que me dijo cuánto me quería. Cuando a mi vuelta de Mérida me presentó a sus amigos.

Patricia.

Dulzura, tranquilidad, alegría… la mitad de mi mitad. Un hombro en el que llorar. Unos ojos en los que refugiarse y un consejo siempre a mano. Fuerza, sentimiento y amor. Si tuviese una varita mágica todos seríamos felices, porque sólo ella sabe lo que cada uno necesitamos. Una hermana más que una amiga o una cuñada. Diría mi mejor amiga, pero no, va más allá. Mi mejor hermana.

Un recuerdo: Me repito. También aquella boda. Luego muchos, cuando necesito alguien que me escuche, ahí está. Pero… quizás aquella charla en las escaleras de Santo Domingo.

Mamen.

Tranquilidad, silencio, sosiego, sufrimiento premeditado… Sentimientos ocultos, mucho silencio. Confidencias a media noche, comprensión e intercambio de sentimientos. Imprescindible.

Un recuerdo: Un viaje a Jerez y verla realmente feliz.

Noelia Fuentes:

Ánimos. Sobre todo ánimos. Tan confiada en el amor como yo. Compañera de utopías y de retortijones de corazón. Empatiza con mis sentimientos y sé que si sufro lo hace conmigo, si río también.

Un recuerdo: No cabe otro. Su boda. Felicidad.

Raquel:

Alegría, vicacidad, cariño, amor, dulzura. Con la que menos tiempo tengo para hablar o compartir, pero a quien no hace falta decirle nada para que lo sepa todo. Te mira, sonríe y te calma, te contagia su felicidad. Un propósito para este año es poder hablar más con ella.

Un recuerdo: Su boda. Y una confesión en la facultad.

Noelia:

Nunca he dicho en público cuánto la quiero, lo hago ahora. En tan solo 12 meses se ha convertido en parte esencial de mi vida. Es dulzura, comprensión. Una mirada que te cautiva, que desprende sinceridad y cariño. Es… mejor que bitelchus, no hace falta decir su nombre tres veces para que aparezca y te preste su hombro. A la primera allí está. Es calor humano. Es un abrazo en el momento preciso, una sonrisa que te acuna y te contagia.

Un recuerdo: cada minuto con ella.

Faltaron:

Mis padres:

¿Qué se puede decir de unos padres? Son todo. Sé que les he hecho daño. Mucho. Pero ahí están. Callan y sufren, aunque creas que no saben nada lo saben todo y lo sienten muy adentro. Callan de nuevo para que no sepas que saben. El amor en su máxima potencia. Comprensión, perdón, sacrificio. Sólo necesitan vernos felices para serlo ellos ¿hay una mayor muestra de altruismo?

Un recuerdo: Imposible quedarse con uno. Son miles.

Mario:

Mi hermano. El quinto de los Herrero. Un loco. El único que también entiende mis locuras. Lo dice todo: «mi hermano».

Jose:

Otro hermano, el sexto. Ha sabido entender que le dejara un poco abandonado, creo. Me ayudó a crecer y creo que en breve verá el estirón y lo sabrá valorar. Le tengo que pedir perdón, pero creo que no lo necesita. Me conoce y me entiende.

Un recuerdo: Mañana

Sólo fue una cena. Me gustaría haberos dicho todo esto en persona cuándo me preguntasteis a qué venía. Pero prefería dejarlo escrito. Os quiero a todos y hoy he llorado de emoción recordando cada momento con vosotros. Podría hacer un balance, como el del año, con cada una de nuestras historias, pero sería interminable.

2007 un año raro, un año excepcional

Brindaba con mi familia. Era la mejor manera de empezar el año. Allí estaban cuantos quería y entre mis deseos para el 2007 ardían dos proyectos y un nombre.

Mientras sonaban las campanadas miraba en las uvas, de un extraño color miel, el reflejo de unos ojos que apenas días antes me habían cautivado, y, sin pensarlo escribí su nombre, el único deseo egoista de aquella noche en la que pensaba en los míos. Una buena boda para Raúl y Raquel y un pequeño para Javi y Noelia eran el resto de buenos augurios para un año que empezaba en la incertidumbre de un corazón que volvía a latir tras años de inquietante desdidia. El primero, de esos dos, se cumplió, el segundo ha vuelto arder esta nochevieja en la fuente de los deseos a espera de que este sea el año en que veamos cumplido ese sueño.

Brindis, abrazos, alguna lágrima de alegría y emoción incontenida en una fiesta de sorpresas y amores incipientes que luego florecerían. Los amigos, la familia, mirar a los ojos de quien te quiere y saber que sus deseos de felicidad no son palabras vacías sino sinceros pronósticos para un año que empieza, para una vida que continúa. Un corro, un gran abrazo de muchas personas que entonando «Un año más» de Mecano se funden en una sola emoción.

Enero continuó indolente, con su cuesta y su frío, con una cena de reyes que recuperó el sentimiento de aquel abrazo pero con nuevos protagonistas, los que faltaron en año nuevo, en persona, que no en el corazón.

Un recuerdo al margen. Una mirada. Un desayuno en Santa Ana con churros,migas y agendas.

Febrero entró con frío. Con sueños crecientes y excusas para el café. De nuevo mi gente. El molino del sol, canticos, risas y fantasmas en el ático. Una noticia. Sería candidato a las próximas elecciones de Plasencia, un sueño cumplido que compartí en primer lugar con mi familia, después e inmediatamente, con ella, y más tarde los compañeros de la prensa local y Oscar, el expresidente del consejo de la juventud de Extremadura. Un amigo al que debía en parte esa nominación.

Marzo pasó casi desapercibido, más cafés, sueños por un piso que no tocó, ni a mí ni a los míos. Ilusiones caídas y otras que se iban forjando. Viajes continuos y reuniones preparando las elecciones. Mucho trabajo y un mismo sueño.

Abril. Mes de pasión, una Semana Santa de largas charlas matutinas en el Gran Café. Un viaje a Huesca con una trenza y unas frutas de chocolate para celebrar mi cumpleaños. Un jardín de orquídeas. Una cena inacabada, el postre, para desayunar. El mar de Málaga reteniendo mis anhelos. Mil mensajes. Un corazón desbordado. Tiros y carreras para celebrar el cumpleaños, corro, me arrastro, disparo y gano, pero no es lo importante, sino participar y estar con ellos. Adrenalina. Otra vez los amigos. Siempre están ahí.

Mayo. Campanas que suenan en Villanueva. Fuegos artificiales para los Jedes. No se ven, pero se bailan. Fiesta de primavera, inicio de campaña. Elecciones, triunfo expectante, dudas, 10-10-1, no son medidas, no lo habremos hecho tan bien. Un rally de música que sale del corazón, dedicado, una visita. Un libro verde.
Junio. Las ferias. No sé nada de pacto y si lo supiera no te lo diría. Ya lo sé y es a tí a quien te lo digo primero. Decepción comedida que apacigua una cena, unas palabras reconfortantes y un día nuevo, que te devuelve la ilusión por la política. Medio ambiente, en cuatro años a por el otro medio. Noche de San Juan. La felicidad de ver casarse a otro hermano. El segundo. Ridículo en la despedida, emoción en la boda, bailes, saltos, sudor, una ausencia, hoy no importa, pero te recuerdo.
Julio. Vacaciones. O al menos descanso. Tiempo para la familia, los amigos, de nuevo, la reflexión y el espacio, el tiempo, quizás demasiado. Los incendios, manchas negras en el corazón. La impotencia. Xove en Santiago. Viaje de recuerdos de infancia. Catarsis creativa, la caverna está viva.Agosto. Música, mucha música. Por fin los dos pajarracos, en la compañía que tuvo que ser, el sol que no impidió la lluvia. Nicaragua en el corazón. Barcelona más adentro. Un brazo por encima que marca la distancia, tanta y tan poca. Sigue la catarsis. Hacer peña en Robledillo. 5 locos. Cumpleaños en Falcon Crest. Valcorchero arde y yo lloro. Fiestas del Villar, quizás el último concierto, el resto no fueron mios. Encontrar nuevos amigos.

Septiembre. Nueva andadura. Empieza la liga y la traslado a la tele. Compartir Grada 7. Vuelven los viajes. Sigue la música. Los duendes han crecido y ya no me necesitan, es más, estorbo.Octubre. Un viaje. El sol, la arena, las moscas, la felicidad. Dos ojos bañados del sol del mediterraneo que no se quieren despedir del verano. Un paseo fugaz por Málaga. No sé restar mi mitad a tu corazón. Ha sido divertido me equivocaría otra vez.Noviembre. Comienza con fuerza. De nuevo Robledillo. Un pueblo lleno de tradiciones. Coches, gentes, la mejor compañía, amigos y familia, siguen ahí. El sol de noviembre nos abraza en un paseo por las típicas calles, con los típicos coches, y las típicas gentes. La foto en la típica escalinata de la típica iglesia. Un viaje a Bilbao. Un fin de semana inolvidable. Iba a ser un día y casi no llego al partido. Nuevas estancias en mi corazón. Sobre todo una pequeñita para unos ojos tristes pero vivaces. Otro cumpleaños, este termina en la bodega. Tranquilidad.Diciembre. La ilusión puesta en regalar la amistad, en devolver la sonrisa, en ganar además nuevos amigos. Graduados en un master y engalanados para la ocasión. Cenas y comidas con la gente que quiero. Echar de menos. Cerrar el año con felicidad.

Sueño


A veces no duermo pensando en tí

y cuando lo hago sueño contigo

A veces me desvelo soñándote,

como otras tantas me atrapa Morfeo entre tus brazos.

A veces te imagino en mi cama,

como salto de ella al no encontrarte.

A veces estás en mis sueños,

como nunca al despertar.