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Y los reyes vinieron en Agosto…

Este año los reyes tenían prisa. Preveían el frío que iba a hacer estas navidades y se acercaron en agosto. Trajeron una sonrisa y unos ojos grandes y expresivos. Trajeron ilusión y cariño en grandes cajas, que apenas podían sostener los camellos, y un motivo para ser feliz. Este año no seguían una estrella, si no a la luna, que reflejada en dos enormes ojos cantaba una nana. Este año cruzaré los dedos, para que vuelvan a ser tan generosos.

Un puntito

No me canso de mirarlo. Ahora es tan solo un puntito. Una pequeña luz blanca en un fondo gris y negro. Cualquiera al verlo podría decir que es un sol en una borrasca, o la clásica luz al fin del túnel. Pero no. Es mi sobrino o sobrina.

Es Sandra o Alejandro, dependiendo de lo que sea, y sí, es una luz, pero no al final de un túnel, sino al principio de una ilusión, y también es un sol, pero no en una borrasca sino en una suave corriente de emoción, paz y felicidad.

Ahora es tan solo un pequeño puntito en una fotografía en blanco y negro, pero ya es una pincelada de color en un lienzo en el que todos queremos dibujar, plasmar nuestra alegría.

Son los primeros 16 milímetros (creo) de un infinito de satisfacción, de un camino de esperanza, de un mundo de ilusión.

Son los primeros compases de una nana, de una canción infantil, y estas, mis primeras palabras de felicitación para los próximos padres y las primeras de calor para mi sobrino/a, para mi ahijado/a.

Felicidades, os quiero a los tres.

Felicidad

Reviso segundo a segundo los 3 últimos días y descubro, en cada uno de esos instantes, la felicidad.

Esta misma mañana hablaba con Gema sobre este sentimiento, la felicidad, y le explicaba que, para mí, es el estado por defecto del ser humano, pero que son luego nuestras imperfecciones, y nuestras ganas por complicarnos la vida, quienes la alteran cayendo en el desánimo, la angustia, la depresión…

Estos 3 días han sido el preludio de un año prometedor, lleno de ilusiones que podré compartir con mis hermanos y amigos, y en el que irremisiblemente sólo podré ser feliz pues sé que ellos lo serán.

Por orden cronológico, que no de importancia, pues sería incapaz de cuantificar lo que para mi significa cada uno de estos momentos, este año, mi hermano Iván me dará la oportunidad de usar mis humildes palabras para oficializar una relación que nació bajo mi mirada, y que ha ido creciendo hasta convertirse en una unidad indivisible, compuesta por dos todos inigualables.

El 25 de julio tendré la oportunidad de compartir con Iván y Patricia el momento más importante de sus vidas y el hecho de que cuenten conmigo para ello lo hace uno de los más importantes de la mía.

Un mes después, aproximadamente, la felicidad regresará, nunca se habrá ido, de la mano de otro de mis hermanos. Otra relación que nació bajo mi mirada y que he visto crecer y consolidarse dará su primer fruto en la persona de Sandra o Alejandro, según sea niña o niño, mi primer sobrino, y además ahijado.

El anuncio de su gestación no pudo llegar en mejor momento, una fiesta que para mí significaba tanto y en la que tanto me demostraron, delante de las personas que quiero y que me gustaría que estuvieran ahí en todos esos momentos especiales, para poderlos compartir con ellos como sucedió con este anuncio.

Hoy sigo emocionándome con los instantes vividos en estos días. Sigo pensando en el futuro halagueño que presenta este prometedor 2009, pero también en el pasado inmediato de un 2008 que se ha cerrado de la mejor manera posible. Sigo llorando emocionado cada instante de estos días, sobre todo, los de esa fiesta, en la que estaban casi todas las personas que quiero y a las que tengo que agradecer que, pese a mis debilidades, sigan siendo mis amigos y acudan a una llamada como hicieron.

Gracias a:

Javi, Noelia, Raúl, Raquel, Iván, Patricia, Mamen, Mario, Jose, Rober, Cristina, Jordi, Victor, Lidia, Cuky, Carlos, Naiara, Sera, Edu, Killo, Juanjo, Gabi, Gema, Ana, Ramiro, Carmen, Rubén y especialmente, aunque solo estuviera unos minutos, Elena.