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Tu voz

Me encanta escuchar tu voz, esas palabras que viven en un susurro y se escapan en un suspiro.

Me gusta respirarlas, a dos centímetros de tu boca, porque huelen a los verdes paisajes de la sierra de Gata.

Me alimento masticándolas, cuando llegan desde el móvil, porque saben a dulce miel y fruta fresca recién cogida.

Me pierdo en tus ojos escuchándolas, tan llenos de agua clara que a veces se desbordan, cuando sube la marea, con la luna llena o la brisa.

Quiero sentirlas nacer, con mis manos en tu cuerpo, descubrir como vibran al ser pronunciadas.

Necesito apagarlas en un beso, no para que no se digan, sino para que me lleguen aún más adentro.

Declaración de intenciones


Quiero tenerte cerca.

Mirar de nuevo tus ojos y naufragar en sus aguas.
Bañarme en ese lago donde la noche es más pura
y al sumergirme en tu iris dejar anillos de luna.

Que se detenga el tiempo para nadar en tu boca,
y se rompa solo el silencio con el eco de mis sueños,
al bucear un suspiro, al respirar de tu aliento.

Quiero volverte a ver.

Que no sea tu mirada un encendido recuerdo,
y no quemen más los besos que guardo entre mis labios,
y torpemente dibujan mis dedos, en cada rincón del cielo.

Quiero sentir en mis yemas cada poro de tu piel,
trazar sobre tu cuerpo garabatos de deseo,
que hoy dibujo en secreto,
como un niño castigado mirando hacia la pared.

Quiero tenerte cerca, quiero volverte a ver.

Olor a campo

He visto un manto rojo y me he puesto a caminar, como una estrella de Hollywood sobre la alfombra de la fama.

Bajo mis pies he sentido el resquebrajar de las hojas recién caídas y he decidido quitarme los zapatos para sentir su tacto. He seguido andando mientras su humedad iba impregnando mis pies descalzos con un inesperado calor que me ha transmitido seguridad.

He escuchado el leve batir de alas de la becada, buscando refugio entre el cobrizo pasto del horizonte y he aspirado el aroma húmedo de la tierra recién regada por las lluvias otoñales.

He clavado mis rodillas en el suave manto de la hojarasca, y me he dejado caer sobre su tenue lienzo, para sentirte más cerca, olor a campo.

Frío

Hacía frío y llovía. Decidí esperarte en la calle aunque no me habías asegurado si vendrías. Mis labios amoratados titilaban dejando escapar un ligero castañeteo que acompasaba los leves espasmos de mi cuerpo arrecido. Un manto gris impedía al sol obsequiarme con aquellos rayos que un día habían iluminado nuestros paseos.

Pensé que como siempre, un claro se abriría cuando llegaras, pero sin embargo negros nubarrones se fueron cerrando sobre mi cabeza, mientras la lluvia arreciaba sobre mi cuerpo, que iba estremeciéndose en un guiñapo cada vez más constricto en fetal disposición.

Apenas si podía abrir los ojos, empapados entre el fragor de la lluvia y el salobre gusto de unas lágrimas que predecían tu ausencia.

Mi vieja y raída capa comenzó a pesar, no sé si tanto por el agua acumulada como por el frío reumático que castigaba mis ajados huesos.

Mi cuerpo siguió empequeñeciendo, con mi cabeza cubierta por mis brazos que se cerraban en espiral sobre mi regazo. Ese sobre el que tantas veces te habías dormido.

De pronto una luz me indicó que llegabas. Abrí los ojos y desperté boca abajo. Lloré amargamente aquel frío despertar de mi agónico perecer. Todo era calor y luz.

Acababa de nacer y ya te había soñado.

Tengo en frente un lienzo en blanco,
un cuaderno vacío y mil historias que contar.

Tengo enfrente un espejo,
que de nuevo sonríe y unos ojos que mirar.

Tengo enfrente un abrazo,
cien caricias y besos que regalar.

Tengo enfrente un futuro,
muchos sueños y tiempo para soñar.

Tengo enfrente tu mirada, asustada,
un mundo por conquistar.

De par en par

No he esperado ni siquiera a que llames.
No ha sido necesario que enrojezcas, ni desolles, tus nudillos contra la fría piedra de esta losa.
No he esperado a que llegases, ni he ojeado por la mirilla si eras tú.
Sólo he necesitado escuchar tu suave caminar.
Sólo he tenido que oir tus pasos entre la hojarasca que el otoño ha amontonado en mi zaguán.
Sólo he percibido el aroma a fruta fresca, recién cortada, que emanas.
Sólo me ha hecho falta saber que estabas ahí.
Y he abierto.
No ya las puertas de esta cueva fría y lúgubre,
sino mis manos para sentirte,
sino mis ojos para perderme
en ti.

Recuerdos

Durante meses busqué quien me ayudara a olvidar el pasado,
que equivocado estaba,
de ti quiero que me ayudes a recordar mi futuro …

(Juan Carlos)

Cuando no tenía claro a que puerto dirigirme,
cualquier viento que soplara,
nunca era a mi favor.

Cuando el mar se muestra en calma
todos somos capitanes,
pero cuando se agiganta
nadie se agarra al timón.

Pero cuando se agiganta
nadie se agarra al timón…

Mi fianza de tristeza,
la pagué hace tanto tiempo,
que ya no me quedan ganas
de luchar por la razón.

Brindo por la lucidez
que me regalan los años
y por tanto desengaño.

En el sitio más profundo
del peor de los caminos,
entre ninguna parte
y el olvido,
yo fui ese animal herido
que se cosió descosidos
y se remendó la piel.

Mis reservas de confianza
las guardo en alguna parte,
lástima que no recuerde
donde las pude dejar.

Tres anillos llevo anclados
alrededor de mi cuello,
que me cuelguen si es por ellos,
que por nadie lloro más.

Convertí lo que más quise
en un triste moridero,
y se estamparon los huesos
de este pobre pecador,
que falto de fe y ateo,
más merece ir al infierno
que tener piso en el cielo.

La experiencia da tristeza,
comprender apena el alma,
y por más que me escabullo
no me escapo de esta piel,
que me conserva la sangre
justo a su temperatura.

Pero no sirve de nada
ante tanta estupidez…

Todos somos capitanes…

Tres anillos llevo anclados
alrededor de mi cuello,
que me cuelguen si es por ellos,
que por nadie lloro más…

Todos somos capitanes…

(Carlos Goñi)