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Briviesca

Parte de mi infancia la pasé en Briviesca, un pequeño pueblo de Burgos del que creo que ya os he hablado en alguna entrada anterior.

Recuerdo su centro como una amplia plaza castellana, de bancos de piedra y una pérgola en el medio, en la que unos querubines de piedra orinaban agua fresca y sobre la que los domingos una orquesta interpretaba partituras de Falla.


Recuerdo su cine, en el que aprendí a vivir otras vidas, a evadirme durante dos horas aproximadamente en los vuelos de Tobi, aquel niño rubio al que le crecían alas, las garras de king kong, o la candidez de oliver twist.

Recuerdo su ayuntamiento, en el que un día ondeó a media asta la bandera española por la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente, que sería natural de la zona, y recuerdo sus fiestas, las de san Roque, en el mes de agosto, con unos cabezudos a los que temía y un toro de fuego que me causaba verdadero pánico.

No tenía más de 8 años cuando nos fuimos de allí, pero recuerdo perfectamente el camino al colegio, interminable, andando desde casa, soñando con como sería mi vida de mayor, creyendo que siempre estaría allí.


Con mis pequeñas piernas aquel camino se hacía eterno y llegaba a clase exhausto, más de pensar en el futuro que de cansancio físico, pues los niños no se cansan, solo se agotan para dormir mejor.

Repetí aquel camino infinito durante dos años cada día, excepto en vacaciones y los días que nevaba. Sólo alguna enfermedad aislada y el golpe de estado de 1981 lo interrumpieron.

Volví a briviesca hace 3 años, 25 años después aproximadamente. Quise rehacer aquel camino, pero no fue el mismo. Mis pasos habían crecido desmesuradamente y el trayecto se había reducido en la misma proporción. Apenas me dio tiempo a soñar como lo hacía entonces.

Mi antigua casa se había convertido en un lúgubre portal sin vida y mi viejo colegio se desconchaba en tristes jirones grises sobre un amarillo apagado.

Me decepcionó la visita. Sobre todo por la medida en que aquel camino se había casi extinguido.

Posiblemente dentro de 25 años el amor que ahora siento haya menguado en la misma medida que aquel día lo hizo el camino de mi vieja casa a mi ajado colegio, pero hoy sigo soñando, que este trayecto que sigo cada día, para acercarme a ella, es interminable y lo recorrere toda la vida.

Creí conocer

Creí haber encontrado la suavidad en las cálidas dunas de Tindouf,
comprendí que me había equivocado cuando rocé tu mano.

Creí haber encontrado la belleza en aquel anochecer de Fisterra,
comprendí que me había equivocado cuando te miré a los ojos.

Creí que había encontrado la plenitud bajo el cielo de la Palma,
comprendí que me había equivocado cuando me sonreíste.

Creí que conocía el atlas,
que mis pies habían pisado los más maravillosos lugares,
comprendí que me había equivocado cuando mi vista surcó tu cuerpo
en un viaje por tierras inimaginables que nadie antes me había descrito.

Creí conocer la felicidad, ahora sé que no me equivoco.

Mis desayunos buffet

Normalmente apenas desayuno.

En casa no lo hago nunca, hace años decidí sacrificar el desayuno por esos 15 minutos más de cama y todavía mantengo esa costumbre, aunque el insomnio me impida su completo disfrute o el sol se cuele a hurtadillas por mi puerta, que no por la ventana como sería lo normal. Pero en lo extraordinario están los grandes placeres de esta vida.

Alguien me acostumbró, como creo que ya he contado en alguna entrada anterior, a retrasar el desayuno hasta llegar al centro. Un café con migas en el español, nada más llegar al ayuntamiento o a media mañana con mis secretarias. Pero puedo vivir sin desayunar. De hecho si no es por esa costumbre cadencial apenas lo haría.

Sin embargo cuando viajo y me alojo en un hotel no puedo evitar sumergirme de lleno en los desayunos buffet. Cuando llegas, lo primero que te llama la atención son los cientos de dulces que te sugieren ser engullidos. Cientos de productos de bollería y pastelería que se apresuran a salir a tu paso como si de un sueño de Homer Simpsom se tratara.

Luego, una vez vencida esa afrenta de sabores caramelizados vas rebuscando y encuentras los menús salados, mucho más tímidos y menos sugerentes, pero que son los que le dan gracia al desayuno, primero porque te lo confeccionas a tu gusto, y segundo porque alternan con la dulzura otros gustos igual de apetecibles que son los que le dan originalidad, los que le hacen especial.

Encuentras salados, picantes e incluso alguna frivolité o alguna extravagancia, como una copa de champán de “buenos días” que le impregnan de exotismo.

Así eres tú. Primero dejas a la vista tu dulzura, pero quien te quiera conocer puede encontrarse mil sabores excepcionales que te hacen maravillosa.

Futuro


He habitado los desmanes del olvido
y vagado por los quistes del recuerdo.
Me he arrastrado por la ciénaga del odio
buscando resquicios de cariño.

He llorado lágrimas ya secas
y he sembrado cipreses en las cuencas de mis ojos.
He creído que la noche era mi día
y he perdido en los dias media vida.

Pero llegaste tú, con tus ojos deslumbrantes,
para descubrime que el recuerdo es el futuro.
Llegaste con tu cántico hipnótico,
para guiarme hasta las costas de la vida.

Trajiste hasta mi puerta tus feas botas (no todo iba a ser bonito)
para calzarme para un nuevo camino.
Viniste a devolverme la esperanza
de encontrar de nuevo luz en mis escritos.

Confieso que en realidad a mi me gustan las botas

Si pudiera


Si pudiera pensar en otra, sin que tus ojos aparecieran
para cruzarse hacia donde miro.

Si pudiera sentir calor, sin que el frio de tu ausencia me invadiera
para desnudarme y decirme que no hay abrigo.

Si pudiera escuchar canciones, sin que tu voz me engañase
al oído, susurrando «nunca te olvido».

Si pudiera respirar, sin que tu aliento
me envenenara y cayera desvalido.

Si pudiera siquiera andar, sin que me fallaran las piernas
al pisar donde no hay camino.

Si pudiera vivir, sin que el corazón se parase
cuando no late con tu latido.

Si pudiera vivir sin ti, hoy, no estaría vivo.

No creas que te olvido


No creas que te olvido porque no sean para ti mis letras.

No creas que te olvido porque me envuelva en mi pasado.

No creas que te olvido porque no te dedique mis versos.

Simplemente ya no encuentro letras, que describan lo que siento

Simplemente no quiero escribir sin ti mi futuro.

Simplemente me faltan palabras, para escribirte mi mejor poema.

El efecto dominó

Si ayer hablaba de las serendipias literarias hoy tengo que hablar de su efecto dominó.

El efecto dominó o de bola de nieve es aquel que, a causa de un primer movimiento desencadena en una serie de consecuencias similares que, en ocasiones, y espero que esta sea una de ellas, se vuelve prácticamente infinito hasta que todos sus elementos se han movilizado.

Ayer mostraba mi alegría por la reaparición en mi vida de alguien que me acompañó durante 9 meses en mi servicio militar y se convirtió en un hermano de aventuras, con quien viví momentos muy especiales que, aunque hoy me haya tenido que ayudar a recordar, jamás olvidaré.

El reencuentro con Juanmi no fue sin embargo el movimiento inicial de este efecto dominó.

Previamente, hace unos días, recibí un correo de otro compañero de batallas, Galán Cordero, que fue quien inició esta cadena de sucesos que hoy ha visto mover un tercer engranaje.

Fue Galán, otra de esas personas excepcionales que la vida pone en tu camino, quien despertó en mi el interés por recuperar mi pasado, no tan lejano, en tierras Ceutíes.

Fue él quien me animó, aún sin saberlo, a iniciar esa serie de relatos, los cuentos de África, que han despertado en mi la nostalgia de un tiempo que, sin quererlo, marcó en mí la forma de ver las cosas.

Un antes y un después, un punto de inflexión vital que, creo, me convirtió en la persona que hoy soy, dejando atrás a un desconocido, al que a veces repudio, por no haber sabido comprender a tiempo los verdaderos valores de la vida, la familia, la amistad y el compromiso.

No voy a hacer alabanza gratuita de un servicio militar que sigo pensando robaba la juventud a muchos jóvenes privándoles de su libertad por nada a cambio.

Sin embargo, para mí, dada la situación en que me encontraba cuando me fui a Ceuta, descrita ya en el cuento de la Bella Fatiha, se convirtió en ese resorte necesario para despertar de la hipnosis de los cánticos de sirena y volver a una vida que nunca debí haber abandonado.

Hoy se ha movido la tercera pieza del dominó, la cuarta contando conmigo. Jose Luis Romero, «el catalán», ha vuelto a aparecer en mi vida gracias a Soltero. Romero pertenecía a un reemplazo anterior y el tiempo junto a él fue menor que con Juanmi, pero no así las aventuras vividas ni los sueños compartidos.


A la izquierda J.L. Romero a la derecha J.M. Soltero y en el centro Nuño de la Rosa

Son muchas las vivencias que compartimos en aquellas habitaciones, en aquel suelo africano que hoy recordamos con nostalgia. Muchas noches de chistes en la oscuridad, de fiesta por las calles de Ceuta, de jamón y aceitunas, de partidos en la play, de confidencias, de ilusiones…

Hoy me los encuentro casados, con su vida hecha. Uno es padre, el otro está a punto de serlo, y he vuelto a compartir sus ilusiones.

Espero que, a partir de ahora, por mucho tiempo.

Sigue creciendo

Ya son algo más de 8 mms, pero una inmensidad de ilusión. Sigue siendo un puntito, cada vez mas grande, pero ya es un pulso, un golpecito cadencial que estremece.

No lo he escuchado aún. Sólo Javi y Noelia han tenido la oportunidad de hacerlo, pero me lo han transmitido con tanta emoción que desde hace horas siento que mi corazón vibra a otro pulso, al compás del de ese niño o esa niña que cada día va creciendo a la par que nuestras ilusiones.

Serendipia literaria

Una serendipia literaria es una casualidad resultante de algo escrito previamente o que se predice en un relato y finalmente sucede de forma aproximada. Así, es famosa la serendipia del libro Futilithy, en el que se narra como un barco llamado Titan naufraga.

Dicho libro fue escrito en 1898, 14 años antes del naufragio del Titanic, y las coincidencias son asombrosas. De entrada, el nombre de ambos barcos, el hecho de hundirse ambos en su viaje inaugural. Sus dimensiones similares (75000 toneladas y 66000, 243 m de eslora y 268) o el apellido del capitán en ambos casos (Smith)

Ayer, ultimando los detalles del cuento de la bella Fatiha fui testigo de una de estas serendipias o casualidades. Al mencionar en uno de sus capítulos a mi viejo y gran amigo y compañero de batallas, Juan Miguel Soltero, intenté buscarlo por internet para recuperar el contacto perdido.

Si he de decir la verdad había olvidado su segundo apellido, Vázquez, con lo que la búsqueda era aún más complicada y las referencias en google eran miles, ya que me aparecían más Solteros por su condición de célibes que por apellido.

Lo intenté a través del tuenti y no me encontró a nadie con ese nombre y apellido. Probé en el facebook y aunque el resultado de la búsqueda fue muy amplio, la hace por aproximación, encontré tan solo un Juan Miguel Soltero, de segundo apellido López.

No recordaba el apellido de Juanmi, como he dicho antes, pero si estaba seguro de algo es que no era López. No obstante, y no sé por qué, le di a agregar como amigo.

Cinco minutos después me llegó el siguiente mensaje:

«Yo soy el padre de Juanmi su direccion es *********@hotmail.com»

Y en su facebook había una foto mía junto a Juanmi en Ceuta.

Inmediatamente agregué a Juanmi en el messenger y le envié un mensaje de saludo. Luego comprobé que el facebook de su padre se había creado tan solo unas horas antes de que yo lo buscase.

¿casualidad? ¿destino?

No sé. Prefiero llamarlo fortuna.

La fortuna de haberme reencontrado con un amigo de verdad, con quien hoy, siete años después del último encuentro, he tenido la oportunidad de volver a hablar.

Espero que ahora no volvamos a perder el contacto que hemos recuperado gracias a un cuento e internet.

Es mi barco mi tesoro….

Jose nunca parará de sorprenderme. Cuando a veces necesitas un reencuentro contigo mismo, con las pequeñas cosas que te han ido costruyendo desde niño, llega él y te presenta. Llega y te dice, Juan Carlos, te presento a Juan Carlos. Pero no con esas palabras sino con un gesto, una mirada, una poesía, una canción, un libro, una película o un vídeo.

Hoy me ha descubierto navegando en mi velero bergantín. Hacía posiblemente años que no escuchaba entero este poema y seguro que nunca lo había hecho de esta manera tan particular. Hacía mucho que había dejado a Espronceda durmiendo en una estantería, espero que no sea alérgico al polvo, y hoy, de nuevo Jose, me ha sacado a pasear, con diez cañones por banda.